“De todas las cosas que han sucedido, y de las cosas tal como existen, de las que uno conoce y las que no puede conocer, uno hace algo por medio de su invención, algo que no es una representación, sino toda una cosa nueva más verdadera que cualquier cosa verdadera y viva, y uno le da vida, y si lo hace lo suficientemente bien le confiere inmortalidad. Esa es la razón de que uno escribe”. Ernest Hemingway, entrevista con George Plimpton en 1958.
martes, 7 de agosto de 2012
Entrevista en Artes Marciales Magazine
Hola amigos,
Los editores de la revista Artes Marciales Magazine me han entrevistado para hablar sobre mi nueva novela: Luciano Wong. Mâ.
Os dejo el enlace y os agradecería que lo compartierais.
Un abrazo,
Sergio G.Ros
http://artesmarcialesmagazine.com/
domingo, 5 de junio de 2011
Albert Espinosa, una entrevista maravillosa

Entrevista publicada en XL Semanal, Número: 1231
En el apartado PRIMER PLANO, titulado: Y de repente un bestseller, donde se analizan tres sorpresas del sector editorial español: 1) María Dueñas con su "Tiempo entre costuras", 2) Eloy Moreno y su "Bolígrafo de gel verde", y 3)Albert Espinosa y su novela "Si tu me dices ven lo dejo todo... pero dime ven".
Creo que merece la pena leerse esta entrevista y por eso la pongo en El alma impresa.... Te deja boquiabierto y, sobre todo, te pone las pilas porque es impactantemente hermoso todo lo que dice.
Feliz semana.
Sergio.
ALBERT ESPINOSA
Barcelona, 1974. De niño superó tres cánceres. Escribió el guion de «Planta cuarta». Su novela «Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven» ronda los 130.000 ejemplares vendidos.
¿Qué tal va su mano con tanta firma?
Albert Espinosa. Bien, bien. Aunque este Sant Jordi fue muy intenso. Me llevé una gran alegría al ser el autor más vendido en catalán y en castellano. Me encanta cuando escriben por ahí que soy el «fenómeno Espinosa». Es algo muy bonito. Hay momentos en la vida en que todo se junta. En que todo explota. Además, el día de Sant Jordi también fue el día que perdí la pierna. Un día épico para mí. Es un día al que tengo mucho cariño.
¿XLSemanal. ¿Qué recuerdo de aquel día, de aquel Sant Jordi de hace décadas, no borrará nunca de su mente?
A.E. El baile de despedida de mi pierna. El médico me dijo que le hiciera una fiesta de despedida e invitase a toda la gente que tuviera algo que ver con la pierna. Invité a un portero de fútbol al que había metido goles, a una chica con la que había hecho piececillos... Hice un último baile a dos piernas al ritmo de Espérame en el cielo, que era la canción que tenía mi compañero de habitación. Recuerdo que, cuando me la cortaron, no tenía esa sensación fantasma de que aún la sientes, aunque no la tengas. Porque ya me había despedido de ella. Hasta el fantasma se fue. Ahora, fíjate, tengo la suerte de poder decir que soy de los pocos que tienen un pie en el cementerio. Ahí está mi pierna para demostrarlo. Ese recuerdo es imborrable. Cuando desperté y vi que no tenía la pierna, tuve la sensación de que las pérdidas se convertirían, con el tiempo, en ganancias. No perdí una pierna, gané un muñón.
¿XL. ¿Cree usted en Dios?
A.E. Más que en Dios, yo creo en la sensación de la gente buena. Creo que hay gente buena que te marca caminos. Y yo he podido conocer a mucha gente buena. Cuando conozco a alguien bueno y sabio, pienso que he encontrado a un pequeño dios.
¿XL. ¿En qué más cree?
A.E. Creo en el cine totalmente. Hay secuencias de cine que me han marcado y me fascinan. El cine me ha salvado de muchas cosas. La ficción me ha llevado a la realidad. Creo también en los silencios del teatro. En esos silencios cuyo grosor hace que me emocione. Esos silencios son lo máximo. Ves que está llena la sala, pero la gente respeta la emoción que les está llegando. Creo también en la ternura. Mercero decía que, si había los diez terroristas más buscados, tendrían que existir los diez ternuristas más buscados. La ternura es casi como un delito. Yo creo mucho en la ternura. Es importante. Una amiga francesa, que habla mal el español, un día pidió cien gramos de «ternura» en vez de «ternera». Y le dijo el carnicero: «Si tuviera ternura, le daría un kilo y medio». Esa ternura me fascina.
¿XL. ¿Hasta dónde llega nuestra capacidad de sufrimiento?
A.E. No tiene límite. Yo siempre digo que el dolor no existe. Existe el término «dolor», pero no el dolor. Cuando estaba en el hospital, había dolor y sufrimiento, pero también había felicidad. Yo era un niño y un adolescente con cáncer. Pero pesa más la palabra «niño» o «adolescente» que la palabra «cáncer». Cuando ahora voy a ver a niños al hospital, noto que tienen esa fuerza que a mí me salía cuando estaba enfermo. Y cuando sales, pierdes el miedo a la muerte. Y perder el miedo a la muerte es una de las cosas que me dio el cáncer.
¿XL. ¿Se recupera uno realmente de algo así o en el fondo se queda tocado para siempre?
A.E. Conviertes las pérdidas en ganancias. Pierdes una pierna, un pulmón y medio hígado, pero ganas en otras cosas. Tuve la suerte de sentirme adulto con 13 años. Mis padres eran mis enemigos, como ocurre con todos los adolescentes, y entonces descubrí la fuerza de la familia. Forma parte de mi vida y no puedes olvidar. Lo primero que hago al levantarme es ponerme la pierna postiza para ir al lavabo. Pero no es algo que cambiaría en mi vida. Forma parte de lo que soy.
¿XL. ¿Sigue pensando que vive la vida de aquellos compañeros que nunca pudieron salir del hospital?
A.E. Sí, suman un total de 4,7 vidas. Siempre he tenido la sensación de poder hacer recuerdos y deseos de ellos. A uno de ellos le encantaba la palabra «pomelo» y decía que le gustaría verla escrita en un libro. Pues yo lo hice en El mundo amarillo. Aquello me produjo una gran alegría. Esa muerte está muy viva. El deseo de aquel chaval está muy vivo en gente. La muerte, al final, da mucha vida. Los siento dentro de mí y tengo la sensación de que ellos son igual de supervivientes que yo porque sobrevivir no es siempre vivir. Ellos distraían el cáncer con su muerte para que nosotros pasáramos.
¿XL. Siento mucho insistir, pero ¿se recupera uno?
A.E. Sí, porque yo no veo la muerte como algo negativo. Siempre digo que me gustaría que se hablara más de la muerte. A mí, por ejemplo, me gustaría morir un viernes. Son los estrenos de cine. Es el día que, desde que era pequeño, siempre me ha producido felicidad por eso. Si muero un viernes, la gente dirá: «¡Joder, qué tío más suertudo!». Me gustaría que la gente dijera el día que le gustaría morir. Vivir o morir no es tan importante como luchar. Luchar y hacer lo que deseas.
¿XL. ¿Por qué hasta que no nos encontramos en el filo normalmente no somos conscientes de algo así?
A.E. Porque hay una sensación de que la vida va muy rápida. Pasan los días volando. A veces te sorprendes diciendo que no puede ser que sea de día o de noche. Pasan los años y no te das cuenta. Cuando te pones enfermo, de golpe, paras el mundo. De vez en cuando hay que parar el mundo. Coger un diamante o una perla y pararlo durante 48 o 72 horas. Plantearte qué quieres hacer realmente con tu vida.
¿XL. ¿Qué diría que fue lo que lo salvó tras diez años con cáncer?
A.E. Los amigos, la familia y el sentido del humor. La sensación de formar un grupo como Los Pelones de Planta cuarta en el hospital. Sentir que podías enamorarte, que podías sentir, que podías ser tú. El humor es tomárselo con filosofía. Cuando voy a un hospital, los chavales alucinan cuando ven a un cojo haciendo chistes sobre su pierna.
¿XL. ¿Qué es lo primero que recomienda a médicos y enfermeras en esas charlas?
A.E. Que toquen al paciente. Que le toquen el pelo, que le den abrazos. Porque lo primero que pierdes con el cáncer son las caricias y los abrazos. Todo el mundo te da golpes en la espalda, pero casi nadie te abraza o te acaricia. Todo el mundo tiene miedo de mostrar sus sentimientos porque eso significa que piensan que puedes morir. Había un médico que siempre me tocaba el pelo y la nuca. Me daba la sensación de que viviría, de que era importante.
¿XL. Y a usted, ¿qué le indigna?
A.E. Muchas cosas. He acabado dos veces en el calabozo, en dos países diferentes, por esa sensación de las leyes llevadas al extremo. Los aeropuertos son sitios kafkianos. Hace poco una señora que debía de tener 90 años e iba en silla de ruedas llevaba un botecito y querían que fuese dos plantas más abajo a una farmacia a por una bolsa. Ocurrió en Lisboa. Eso me indigna. Que nadie pueda entender que las normas están para romperlas. Acabé discutiendo con un guardia y me metieron en el calabozo.
martes, 23 de noviembre de 2010
Entrevista a María Dueñas
Por Sergio G. Ros
Hace ya algunos meses acudí a la librería Escarabajal de Cartagena para conocer en persona a María Dueñas, la autora de El tiempo entre costuras, la novela revelación del año.
Ana Escarabajal, la dueña de la librería, tuvo la cortesía de presentarme como coordinador de la tertulia que, mensualmente, celebrábamos allí. En todo momento María se mostró muy amable, aunque nos fue imposible mantener una charla continuada debido al incesante goteo de lectores que se acercaban a su mesa, conversaban con ella y le contaban lo mucho que les había gustado la obra. Observándola me pregunté qué es lo que estaría sintiendo en esos momentos: hacía apenas unos meses, aquella mujer nacida en Ciudad Real, doctora en Filología Inglesa y profesora titular de la Universidad de Murcia, era una desconocida para el gran público, y ahora estaba firmando la decimoquinta edición* de su primera novela.
De nuestro encuentro rescato la impresión de haber conocido a una mujer accesible, culta, de maneras delicadas y con la que congenié porque a ambos nos gusta mucho la novela Desgracia, de Coetzee. Aproveché esa mano tendida para hablarle de la revista Prosofagia, una revista literaria que había nacido en la virtualidad, y que contaba con muchos escritores noveles y no tan noveles entre sus filas, hispanohablantes de todo el mundo. Eso creo que le gustó, pues la editorial Temas de Hoy le había comunicado que probablemente en otoño iniciaría una gira para presentar la novela en Sudamérica.
Y así fue básicamente como nació esta entrevista.
*N del A.: A fecha de hoy ya lleva 23 ediciones, ronda los quinientos mil ejemplares vendidos y ya se ha anunciado una futura adaptación televisiva.

—María, como te comenté, entre los lectores de Prosofagia hay muchos escritores, y entre ellos muchos noveles. No es ningún secreto que el panorama literario actual, ensombrecido por la crisis, no deja muchos huecos para ellos, ¿qué puedes decirles de tu experiencia?, ¿fue fácil para ti conseguir agente literario y después editorial? ¿Hay esperanza para los que intentamos (y me incluyo) publicar?
—Yo creo que hay muchísima esperanza, y mi caso es un ejemplo de ello. Comencé a escribir sin conocer a nadie en el mundo editorial, y cuando digo a nadie me refiero a cero personas del sector: ni escritores, ni editores, ni periodistas culturales, ni críticos… Por esta razón, lo primero que decidí fue buscar una agencia literaria que me representara. Tuve suerte y me aceptó Antonia Kerrigan. Y ahí arrancó todo…
—Personalmente, admiro mucho a Murakami Haruki, el exitoso novelista japonés que, un buen día, superados los treinta años, mientras veía un partido de béisbol, decidió ser escritor. ¿Crees que existe una edad determinada para empezar a escribir?
—En mi caso particular, desde luego, ha sido así: algo parecido a Murakami, salvando las distancias. En un momento concreto de mi vida, recién entrada en la década de los cuarenta, me topé durante un viaje con unos escenarios históricos entrañables y me pregunté cómo podía ser que nadie hubiera escrito sobre ellos. Y entonces, repentinamente, decidí hacerlo yo. Y me resultó muy sencillo, porque fui capaz de emprender mi camino con la lucidez que dan los años, las capacidades que la vida te hace desarrollar, y el sosiego suficiente como para abordar la aventura sin prisas ni ansiedades, disfrutando cada momento pero aplicando a la vez mi bagaje personal y la disciplina, el rigor y el ojo crítico que me han aportado la edad. ¿Habéis leído una columna de Arturo Pérez-Reverte en El Semanal destinada a jóvenes escritores y publicada hace apenas unas semanas? Pues habla de todo esto, y suscribo una a una sus palabras.
—Voy a hacerte una pregunta muy original: ¿Por qué escribes?
—Escribo porque la vida es muy ancha y no quiero limitarme a seguir una única senda estrecha y lineal hasta el final de mis días. Escribir me ayuda a expandirme, a enriquecerme; me entretiene, me ilusiona, me absorbe, me hace disfrutar…
—¿Qué te ha aportado tu experiencia vital en la soledad frente al teclado?, ¿cuánto de María Dueñas profesora, ama de casa, madre, antigua estudiante… pulula entre sus personajes?
—Soy una persona muy independiente que disfruta enormemente de la soledad, quizá porque mis actividades cotidianas están irremediablemente llenas de ruido y gente. Las largas —larguísimas— horas frente al teclado me han aportado ilusión, sosiego, satisfacción… A simple vista, ninguno de mis personajes tiene nada que ver conmigo, pero supongo que todos ellos guardan en el fondo algo de mí: de mi visión del mundo, mis principios, mis valores, mis querencias, mis afectos, mis preocupaciones…
—A estas alturas estoy seguro de que muchos lectores ya saben que parte de tu maravillosa recreación del Protectorado Español en Marruecos fue posible no solo gracias a una profusa labor de documentación, sino de las vivencias de tu propia familia. ¿Nace El tiempo entre costuras de un anhelo hacia una época especial, un lugar especial?
—El Protectorado de España en Marruecos terminó en 1956, hace poco más de cincuenta años y, contrariamente a lo lógico, su existencia parece haberse volatilizado en la memoria colectiva de los españoles, quizá por nuestros absurdos complejos respecto a lo correcto y lo incorrecto en la recuperación de nuestra historia más reciente. En cualquier caso, ahí estaba aquel viejo y entrañable Marruecos español, esperando que alguien se acordara de él. Y ahí estaba yo, cargada de información privilegiada aportada por quienes vivieron aquel mundo en primera persona. Unir una cosa y otra fue el arranque de la novela.
—¿No tienes la sensación de que esos lugares, como ocurre en la inolvidable Casablanca, actuaron como oasis en medio de la barbarie mundial, paradojas geográficas donde era posible que enemigos acérrimos compartieran un coñac y un puro?
—Aquel Marruecos ofrecía opciones vitales para todos: para quienes honradamente querían ganarse la vida, y para quienes por cualquier razón deseaban esconderse, reinventarse o empezar una nueva andadura sin mirar atrás. Eso convirtió aquel entorno en un tablero apasionante en el que se cruzaban todo tipo de individuos y circunstancias. De todas maneras, no todo fue distancia y sosiego frente a la barbarie: el inicio de la Guerra Civil española, por ejemplo, tuvo consecuencias muy desgraciadas para algunos de los que habitaban aquel mundo.
—De los personajes históricos destacan sobre todo Rosalinda Fox y Juan Luis Beigbeder (que por cierto, nació en Cartagena). ¿Por qué ellos?, ¿te sirvieron de inspiración, es decir fueron pieza clave en el planteamiento de la trama?
—Rosalinda Fox y Juan Luis Beigbeder fueron los detonantes de toda la trama, porque el hilo narrativo de la novela sigue su aventura vital a través de los años que estuvieron juntos. En algún momento inicial me planteé hacer de ellos los protagonistas de la novela, pero después preferí adoptar una posición más distanciada, y entonces creé a Sira Quiroga para que nos contara qué fue de ellos. Lo que pasó después fue que Sira comenzó a crecer y se hizo con el protagonismo absoluto de la novela.
—En toda la novela, y si me lo permites, incluso en el sello de algunos personajes (como la propia Sira), me pareció percibir una influencia de la cultura inglesa más allá de las tendencias o simpatías hacia uno de los bandos armados, algo muy sutil, que se percibe en la forma de transmitir las emociones. ¿Reconoces esa influencia en tus personajes?, ¿fue algo premeditado?, ¿crees que influye también en tu estilo literario?
—Por mi formación, profesión y afinidad personal, estoy muy vinculada al mundo anglosajón en todas sus vertientes: lengua, cultura, historia; incluso modo de vida en algunos aspectos. Me siento muy cómoda leyendo y escribiendo en inglés y funcionando entre sus gentes y sus instituciones. Todo eso creo que permea en mi escritura de una forma natural, sutil pero evidente. No lo hago a propósito; a menudo incluso es algo inconsciente que denoto mucho después, pero tampoco me esfuerzo por neutralizar ese componente tan integral en mi vida.
—Otra pregunta original: ¿Cuáles son tus escritores y libros preferidos?
—Muchos, muchos… Soy poco mitómana y, a pesar de tener una formación académica, soy muy ecléctica en mis gustos. Mezclo de todo: novela con-temporánea con clásicos, best sellers con premios Nobel, españoles con extranjeros…
—¿Qué rol tuvo la escuela en tu interés por la literatura? Como profesora de universidad que eres, ¿crees que hoy por hoy la educación formal encara de otra forma (peor o mejor) el despertar o sostener el interés por leer y escribir? ¿Encuentras diferencias notables con la enseñanza al otro lado del Charco, en Estados Unidos, donde has sido docente?
—Las clases de Literatura pueden suponer una maravillosa puerta de acceso a la lectura, o pueden hacer odiar los libros para siempre: todo depende de la metodología y el profesorado. En mis tiempos, nos limitábamos a memorizar la vida y milagros del autor y su época, a estudiar el argumento de sus obras, y a tragarnos cuatro datos más sin adentrarnos en la lectura crítica de los textos, sin reflexionar ni conversar sobre ellos, sin opción a debatir sobre nuestras impresiones y emociones durante la lectura… Mucho me temo que en la mayoría de los casos, lamentablemente, la tendencia sigue siendo la misma treinta años después. Y en cuanto a la escritura, bueno, me habéis tocado la fibra sensible con esta pregunta. Creo que la enseñanza de la escritura es una de grandes asignaturas pendientes del sistema educativo español —junto con la enseñanza de idiomas—. Se enseña a los alumnos a analizar oraciones sintácticamente con un alto grado de complejidad y sofisticación, pero nadie se preocupa de que desarrollen capacidades para argumentar ideas, para rebatir opiniones, para sostener puntos de vista, para criticar flexivamente lo que leen u oyen, para cohesionar su pensamiento… Nadie les habla de que los textos deben tener coherencia interna, nadie les enseña a hilar segmentos, a estructurar el discurso, a trabajar con distintos registros… No escriben, no practican, no se les orienta, no se les aporta una corrección constructiva. Y eso es lamentable. En Estados Unidos, con sus glorias y miserias en materia educativa, todo es mucho más aplicado, menos mecánico y memorístico, más práctico y volcado en la realidad de los estudiantes y del mundo. A mi modo de ver, sería muy positivo trasladar a nuestra práctica pedagógica muchas de esas opciones.
—Tu novela ha pugnado en los escaparates de las librerías con las novedades de veteranos y consagrados escritores, y, sobre todo, con tendencias literarias muy marcadas (género negro-nórdico). ¿Por qué crees que ha tenido tanto éxito El tiempo entre costuras si es tan complicada de clasificar?
—Pues quizá por eso precisamente, porque lejos de encasillarse en un género único, aporta un abanico de componentes que resultan atractivos para todo tipo de lectores: nos retrotrae a tiempos pasados que sin embargo nos son cercanos, nos hace viajar a escenarios evocadores, nos hace sentir pasiones humanas que a todos nos tocan de cerca: superación, amor, lealtad, traición, incertidumbre, amistad…
—¿Nos puedes adelantar algo de tu próximo proyecto?
—Mezclará tiempos y geografías, y volverá a integrar las pulsiones que a todos nos atañen: amor, dolor, inquietudes, desengaños, reconstrucción… Tendrá también algo de recuperación de memoria colectiva y de nostalgia por el tiempo que se fue y, paralelamente, integrará cuestiones contemporáneas, vida de todos los días. Y sorpresas, y algo de humor, y acción, y un poquito de intriga. Y muchos, muchos afectos.
—Muchas gracias, María. Ha sido una verdadera delicia charlar contigo.
—Gracias a vosotros, y mucha suerte en la escritura y en la vida.

María Dueñas Vinuesa (Puertollano, Ciudad Real, 1964)
Es doctora en Filología Inglesa y profesora titular de la Universidad de Murcia. Ha impartido docencia en universidades norteamericanas, es autora de trabajos académicos y ha participado en diversos proyectos educativos, culturales y editoriales. Su familia materna vivió en Tetuán durante la etapa del Protectorado Español en Marruecos y, a partir de los recuerdos y evocaciones de aquella época, nació la trama de
El tiempo entre costuras.
http://eltiempoentrecosturas.blogspot.com/
sábado, 4 de septiembre de 2010
Sobre la Crítica literaria: Anika Lillo.
Como os comenté en la anterior entrada, con motivo de la preparación del artículo “La crítica en la Red” para la revista Prosofagia, tuve el placer de pasar un cuestionario de preguntas a un buen puñado de amigas y amigos, amantes todos de la literatura. Ahora, quisiera recompensar en cierta medida la amabilidad que me dispensaron, publicando, cada cierto tiempo, las respuestas completas para que podáis conocerlos mejor.Hoy le toca el turno a Anika Lillo, una pionera de la promoción literaria en la Red, incansable internauta, webmaster, creadora de revistas independientes y muchas cosas más… aunque, bueno, eso ya los sabéis porque es de sobra conocida por todos vosotros.
Os dejo con la entrevista.
Anika, ¿qué es para ti un crítico literario? ¿Qué cualidades debe tener?
Quizás deberíamos distinguir entre crítico literario profesional y lo que en realidad somos muchos, lectores que comentamos los libros de una manera profesional, pero sin hacer uso de la base y las normas que haría un crítico. En cualquier caso, tanto unos como otros, deberían ser honestos y educados, tener buen criterio, saber hacerse entender y por supuesto haber leído mucho.
¿Crees que la crítica literaria sigue estando mal vista?
Sólo está mal vista si se trata de crítica literaria realizada por profesionales que desmenuzan los libros para encontrar errores gracias a sus conocimientos como “único objetivo” del comentario. Y por supuesto sólo está mal vista por el escritor al que le destrozan el libro porque en ocasiones se ve inquina por parte del crítico o cierto deseo de demostrar su propia cultura y verborrea escrita en contraposición a la del autor criticado. Como mucho estará mal vista en términos generales si se habla de un libro por hablar, sin conocimiento y sin argumentación: eso no es una crítica y lo puede hacer cualquiera, de hecho hay cierto tipo de personas que antes de que salga un libro ya están hablando mal de él. A esos no se les puede tomar en serio.
¿Ves algún problema en que un escritor pueda ser crítico literario?
Se pueden contar con los dedos de la mano los escritores que te dicen todo lo que piensan firmando con su propio nombre cuando se convierten en críticos. Los más honestos suelen firmar con pseudónimo sus críticas, y los que lo hacen con su nombre, al margen de algunas excepciones, son muy comedidos. Problema no, pero no me creo del todo al escritor que habla de un compañero por varias razones: 1) he leído a uno decir que existe una norma “no escrita” en la que el escritor no debe jamás hablar mal del libro de un compañero; 2) el que empieza diciendo toda la verdad, cuando publica su propio libro se transforma al escribir críticas de otros convirtiéndose en un amiguete; 3) la mayoría no sabe separar su opinión de lector de su profesión de escritor, y eso les condiciona. Por suerte conozco escritores que sí hablan honestamente de otros libros, pero es porque no tienen miedo al qué dirán.
¿Qué opinas del tópico que dice: crítico igual escritor frustrado, hay algo de cierto en él?
Puede haberlo pero no es la regla. Casi todo el mundo escribe y lee pero no por ello son profesionales ni lo tienen como meta.
¿Puede ser la crítica literaria en sí misma constructiva o tiene que ser a la fuerza negativa?
Siempre debe ser constructiva. Hay un error en la creencia de que una crítica donde se dejan ver los errores de la obra es per se negativa: se trata de evitar que el autor cometa los mismos errores en sus próximas obras, ayudarle a mejorar y conseguir mejores trabajos si tiene la capacidad de hacerlo. Otra cosa es cómo lo digas: la educación es esencial a la hora de hablar de estos temas, y el escritor que de verdad quiere mejorar siempre acepta de buen grado estos comentarios. De hecho son muchos los escritores que me dicen que no entienden que hablen de reseñas cuando lo único que exponen en los blogs son sinopsis de sus libros; ellos esperan más implicación del lector a la hora de hacer el análisis de su obra. Lo que no me parece correcto es el crítico que se guía por sus gustos y cohíbe al autor en su inventiva. La creación debe ser libre, por lo tanto no se debe criticar la imaginación.
¿Por qué piensas que han proliferado en la Red tantos blogs, webs y foros dedicados a la crítica literaria?
Personalmente llevo haciendo esto desde 1996, siendo una de las pioneras en la red, y he visto crecer en Internet este tipo de blogs igual que los demás pero con más asombro. No todos duran y no todos son leídos, pero sí sé por qué están ahí: todos quieren que les lean, todos quieren opinar. Algunos están capacitadísimos, otros lo intentan sin éxito, y otros solo cuentan lo que quieren leer los demás, pero el fin es el mismo: yo también leo, existo y tengo opinión. Antes se participaba en webs como la mía o en foros, y ahora todos tienen su propio blog, y muchos de los que colaboraron en webs importantes quieren la suya propia así que lo intentan también por su cuenta.
¿Crees que las editoriales los tienen en cuenta?
Las editoriales sólo tienen en cuenta a algunos medios, los que consideran más importantes que son, al fin y al cabo, los más profesionales o más populares. Aunque a la hora de señalar dónde han salido sus críticas les vale casi cualquiera que haya hablado bien de sus libros porque hablamos de un negocio, una empresa que necesita publicidad positiva de sus productos. Ahora bien, el lector sabe en quién se puede confiar y las editoriales también, por eso a la larga no todos los blogs o webs son válidas. Una buena crítica de un buen medio es mejor que diez buenas de un blog que habla así por sistema: el mérito se reconoce en la primera y eso lo sabe el lector, el escritor y el editor.
¿En qué medida piensas que influyen en el público?
No hace mucho hice un tanteo al respecto y saqué buenas conclusiones: se confía en aquel que tiene criterio pero sobre todo en el que coincide con tus gustos. Cada persona es un mundo, si los gustos coinciden y se tiene fe en el criterio del crítico o lector, esa opinión influirá. Yo he visto cómo reseñaba títulos con verdadera pasión de libros que consideraba excelentes y que a continuación se han vendido, y me alegro, no ya por la venta, si no porque el libro lo merecía. Aun así otras webs me han dicho que no creen que influyan en la venta de un libro porque no han visto los mismos resultados.
¿Cómo se llama el tuyo y qué te impulsó a crearlo? ¿Colaboras con alguno?
Yo no tengo blog, tengo una web, una revista de libros y literatura que comencé en 1996. Se llama ANIKA ENTRE LIBROS y nació por mi pasión por los libros y la necesidad de compartir opiniones. No suelo colaborar en otros por falta de tiempo y soy muy selectiva si hago algo al margen, aunque sí colaboro de forma profesional con algunas de las entrevistas que hago para la revista MÁS ALLÁ DE LA CIENCIA.
Honestidad, capacidad para señalar lo positivo y lo negativo que pueda haber, un buen análisis, argumentación y, sobre todo, no sentirme estafada. Si tiene algo malo, aunque pueda leerse pasándose este detalle por alto cuando lo lees, quiero que me lo digan. No me gusta que me vendan cobre por oro. Prefiero leer un libro sabiendo que puedo encontrar fallos a que me digan que es maravilloso y luego encontrarme con un producto mal acabado. Me lo leeré con sus fallos y me lo creeré más que si me dicen que es el mejor libro del año a menos que confíe de antemano en el lector o crítico. También agradeceré más aquella que sepa hacerme ver cosas que a mí se me escaparían y creo que una reseña, a ser posible, debe llevar este trabajo añadido.
Y por último: ¿qué objetivos piensas que persigue la crítica literaria?
1) LECTOR: Aconsejar la lectura de un libro con sus pros y sus contras si los hay, jamás engañar al lector y tener en cuenta que existen todo tipo de lectores. Esto último es importantísimo y es lo que lleva a la solución final: aconsejar el libro. Lo que tienes que saber es a qué tipo de lector o a qué estado anímico le será más apropiado la lectura del libro.
2) AUTOR: Animar a seguir por la misma línea al que ya lo hace estupendamente, o tratar de aportarle algo al autor para que mejore en el caso de que se vea necesario confiando en su capacidad de superarse.
Anika Lillo es Directora y Webmaster REVISTAS ONLINE de Literatura, Cine y Terror:
http://www.ciberanika.com/
Anika Entre Libros - Anika Cine Magazine / Vinilo - La Casa de Kruela
BLOG: http://ciberanika.blogspot.com/
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Responsable Comunidad Valenciana de REMES
(Red Mundial de Escritores en Español)
http://www.redescritoresespa.com/
jueves, 31 de diciembre de 2009
Un hermoso broche final
¡Muchas gracias, Blanca!
Y me despido deseándoos un ¡feliz 2010!:
jueves, 17 de diciembre de 2009
Una mini entrevista
Ayer recibí una noticia emocionante.
En el número de diciembre de la revista literaria Prosofagia, aparece una mini entrevista que me hizo la escritora Blanca Miosi, conocida por todos vosotros, y autora entre otros éxitos de “El legado” –La hija de Hitler- (Editorial Viceversa).
Me siento muy feliz por este detalle que ha tenido Blanca para conmigo, puesto que sólo soy un aspirante a escritor que aún no ha publicado y, por tanto, un desconocido a los ojos del mundo editorial.
¡Muchísimas gracias, Blanca!
También se lo agradezco a todo el equipo de la revista. Cuando le echéis un ojo (aquellos que nunca lo hayan hecho ya, claro) podréis comprobar la excelente calidad y profesionalidad de la misma, además de la ilusión que desborda.
La mini entrevista aparece en la página 14, no obstante os invito a leer todo el número porque no tiene desperdicio.
¡Saludos y Felices Fiestas!
Este es el enlace: http://www.revistaliteraria.prosofagos.com/
De todas formas también podéis acceder a Prosofagia en el enlace permanente que hay en el blog, columna de la derecha.
P.D. Si hubiera problemas para descargar el PDF os ruego me lo digáis, que si hace falta copio la entrevista por esta vía (je, je.. ¡Que me hace ilusión, leñe!)
