domingo, 21 de marzo de 2010

Libros que existen

El fin de semana pasado decidí plantarle cara a una tarea doméstica que llevaba posponiendo algún tiempo: la limpieza del despacho de nuestra casa, una limpieza a fondo, se entiende.
El principal problema con el que había de enfrentarme era el sin fin de objetos que pueblan esta habitación: libros, cómics, apuntes, enciclopedias, carpetas…. En definitiva, algo que no puede juzgarse a la ligera. Así que la tarde del sábado tomé dos bayetas, espray limpia superficies, cubo, escoba y recogedor, fregona y bolsas de basura, e hice un primer contacto, apenas un escarceo; la batalla, una ardua batalla, comenzaría el domingo bien temprano, prolongándose durante todo el día.
Llegados a este punto os preguntaréis qué tiene que ver todo esto con las peripecias literarias a las que os tengo acostumbrados. Debo confesaros que me apetecía compartir una reflexión casi existencial que me asaltó a partir de una actividad puramente física. Y es que la limpieza del despacho me obligó a manipular cada novela, cada diccionario, cada fascículo… individualmente. Ya sabéis: cogerlo, limpiarlo, apilarlo en otro lugar hasta vaciar toda la balda, limpiar esa misma balda, repitiendo la operación con las contiguas; y, después, volver a coger el libro y apilarlo, tal vez, en otro sitio, con otros compañeros, en un orden concreto: ese que quieras asignarle, el que te guste más o el espacio del que dispongas te permita.
La reflexión existencial es ésa: tuve que hacerlo libro a libro.
Uno a uno.
Cada ejemplar, en sí mismo, era algo real, tangible, con su color, su aroma, su peso. Y, en cada uno de ellos, había pequeños retazos de sentimientos añorados, de ilusiones perdidas. Algunos me trajeron el recuerdo de las personas que me los regalaron, otros, evocaron el día en que empecé a leerlos, o cuando los compré.
Mi reflexión es pues muy sencilla. Entiendo que la tecnología hará que, quizá, desaparezcan los libros en papel. Tendremos readers fabulosos, que permitirán acopiar cientos, miles de libros, y enclaustrarlos bajo una delgadísima pantalla digital, pero digan lo que digan, no será lo mismo.
Claro que no lo será.
Para empezar ya no podré limpiarlos, tocarlos, olerlos uno a uno, sintiendo su peso, y el gozo y el cansancio del trabajo bien hecho.
Y ya no podré mirarlos, de frente, a todos juntos, apilados en las estanterías de mi casa, con una sonrisa en los labios.
Sergio G.Ros

P.D. Ya está colgada mi segunda reseña en Llegir en cas d´incendi. Se trata de “Septiembre Zombie”, de David Moody. Creo que la reseña es bastante interesante por cuanto es un libro que os podéis encontrar ahora mismo en las librerías. De cualquier manera os agradezco mucho los comentarios que dejéis en la página de Llegir, al igual que hicisteis la vez pasada.

viernes, 12 de marzo de 2010

Popurrí de noticias

Como os decía en la anterior entrada, he empezado a colaborar con una página de reseñas bastante conocida: se trata de Llegir en cas d'incendi. Fue el amigo Xavier Borrell el que me lo propuso y de momento estoy contento porque es una experiencia nueva en la medida en que escribir reseñas para otros me produce una sensación cuando menos extraña. Si queréis echarle un vistazo a mi primera colaboración os dejo el enlace: reseña de Cadáveres, de Norbert Horst.
En otro orden de cosas, la semana pasada recibí una agradable sorpresa: Daniel de Cordova tuvo la amabilidad de regalarme un ejemplar dedicado de su obra “La estrella de David”, una novela corta centrada en la fuerza de la amistad en medio de la barbarie nazi. ¡Gracias, Daniel! La edición es una pequeña maravilla.
Por si os interesa, el siguiente libro que vamos a comentar en la tertulia “El escarabajo palabrero” (para abril) será “El gran Gatsby” de Francis Scott Fitzgerald. Creo que mi objetivo para este año de leer a grandes de la literatura está yendo por buen camino. Lo que me deja perplejo es comprobar la escasa calidad literaria en algunas novelas actuales y que, para colmo, consiguen increíbles cifras de ventas o han sido ampliamente premiadas. Por otro lado, pienso que el alternar en mis lecturas a grandes escritores (estoy leyendo también otros libros aparte de los de la tertulia y los de las reseñas) me está volviendo más riguroso y espero que sea bueno para mi formación literaria.
Lo que sí es cierto es que me he topado con un escollo: acuciado como estoy por la falta de tiempo, no puedo escribir. Sin embargo, me he marcado la meta de empezar con mi nueva novela a principios de julio, cuando termine de coordinar la tertulia literaria. Sé que para aprender a escribir es necesario escribir, pero de momento sólo puedo dedicarme a las reseñas y a relatos breves con los que saciar la “sed”. Para alguien que no vive de la literatura hay otras prioridades, la primera, claro está, la familia.
¡Ah!, ¡antes de que se me olvide! Lo que quería deciros en la entrada: realmente me estoy dando cuenta de que es crucial plantearse qué tipo de escritor se quiere ser. Cada vez estoy más decidido a ser un buen escritor. Uno puede plantearse publicar a toda costa, hacer “literatura comercial”, lo cual es muy respetable. Pero definitivamente esa no va a ser mi actitud. Ya os dije que soy una persona bastante terca, y quizá eso me cueste que no consiga publicar, por lo menos a corto plazo (sé que puede sonar presuntuoso o contradictorio). Lo cierto, es que mi nuevo manuscrito empieza a cobrarse los primeros rechazos, no en la fase de lectura, si no en la de propuesta. Hay poquísimos interesados, pero sobre todo lo que abunda es el silencio y la indiferencia. En España, por desgracia, hay muy pocas agencias literarias, y además en mi caso (y en el de muchos), si no me leen, es casi imposible publicar por esa vía.
Cambiando de tercio, quisiera señalar otras noticias (que me han llamado la atención).
Una es de Marta Querol, nuestra querida Malube, que ha conseguido que reediten su excelente novela “El final del Ave Fénix” en la editorial Aladena. Os invito a visitar su página web recientemente estrenada.
Otra, es la de un joven escritor del que ya os hablé hace tiempo, Juan Jesús Hernández, autor de la novela fantástica “La ira del Dios oscuro”, cuya segunda obra ha sido también escogida por la editorial Eldalie para ser publicada. Poco a poco va labrándose un gran camino. Os dejo un enlace donde podéis ver su puesta de largo ante el público.

Y por último, la noticia de Blas Malo Poyatos, compañero y amigo de aventuras literarias con el que compartimos (al igual que con Marta y Juan Jesús) un rinconcito forero en Bibliotecas Virtuales, creado por Montse de Paz, que hicimos nuestro, y cuya novela “El esclavo de la AL-HAMRA” será publicada en breve por una gran editorial (cuya identidad de momento no ha desvelado el muy jodío). A Blas ya lo seguís muchos de vosotros en su excelente blog.
Bueno, hay más noticias, pero también habrá nuevas entradas, no quiero cansaros.
¡Saludos, amigos!

sábado, 6 de marzo de 2010

Desgracia, de J.M.Coetzee

Recién he vuelto de la tertulia literaria "El escarabajo Palabrero", y debo deciros que ha sido una experiencia muy grata, aunque tengo que trabajar eso de hablar en público, pero todo a su tiempo. La gente ha estado maravillosa, no hemos parado de hablar y me he sentido muy arropado. ¡Gracias a todos! Os dejo una foto, y a continuación la reseña que preparé sobre el libro que tocaba comentar: Desgracia, del premio nobel J.M. Coetzee.
Abrazos para todos.
P.D. La foto es por cortesía de la nueva y primera secretaria (je,je..) de El escarabajo: María N. Arteaga (la chica morena, vestida de negro, en la esquina izquierda de la foto):

RESEÑA DE DESGRACIA, de J.M. Coetzee
Por Sergio G.Ros

Desgracia de Coetzee es un libro inmenso. Fácil de leer, pero nada sencillo de interpretar, si es que existe la posibilidad de interpretar un libro.
La novela es un descenso a los infiernos: asoma al lector hacia un precipicio sin fin, sin fondo. Durante la narración acompañamos al profesor David Laurie en su caída en desgracia, su vergüenza, su deshonra. Un juego de acepciones en español a partir de la palabra inglesa Disgrace, que aparecen en el texto en distintas ocasiones:
“Te culpo a ti y la culpo a ella. Todo esto es una desgracia de principio a fin. Una desgracia y una vulgaridad.”, “Supongo que he caído en desgracia.”, “Demasiada vergüenza, se dirán el uno al otro: demasiada vergüenza para contarlo”, “El perro no se deja engatusar, es debido a su presencia: de él emana un olor erróneo (Saben qué está pensando cada uno, lo huelen), el olor de la vergüenza”, “Estoy siendo castigado por lo que sucedió entre su hija y yo. Estoy sumido en una desgracia de la que no será nada fácil que salga por mis propios medios”.

“Desgracia” es una novela dura. La declaración de intenciones de Coetzee comienza desde el primer párrafo: usa el tiempo presente, una apuesta arriesgada, sin duda, pues como lectores estamos acostumbrados al uso del pasado. El pasado es un tiempo más lírico, más hermoso para escribir. El presente en comparación parece seco, gris, frío, escurridizo: incomoda al lector. Coetzee lo utiliza con maestría, en tercera persona, alternando un narrador que entra y sale de la historia, que se distancia del profesor Laurie y que a veces se confunde con él. Jugando tal vez con el mismo concepto de Flaubert en Madame Bovary, obra que, por cierto, se menciona a menudo en la novela, y con la que podemos establecer ciertas conexiones. Así podríamos decir que Coetzee utiliza el estilo indirecto, fusionando la voz del narrador omnisciente con la de propio protagonista, de modo que el lector no sabe dónde empieza uno y acaba el otro:
Ejemplos de fusión:
Está bastante colado por ella. No es algo nuevo: prácticamente no deja pasar un trimestre sin enamorarse en mayor o menor medida de alguna de sus alumnas.
En fin, en eso no hay nada digno de mención. ¿Cuándo fue la última vez que murió una oveja por causa de la vejez?
Ejemplos donde asoma el narrador:
Lucy tiene un punto irritable, de un tiempo a esta parte, para el cual no encuentra él justificación alguna.
Lo más sensato sería callarse la boca, pero él no lo hace.

Además del uso del presente, Coetzee lanza un guante a la nueva narrativa. Su novela rompe dos reglas básicas de la escritura: nada más comenzar realiza descripciones detalladas de personajes y utiliza frases afirmativas, prácticamente sentencias que convierten al narrador en un dios que todo lo sabe.
Soraya es alta y esbelta; tiene el cabello largo y negro, los ojos oscuros, líquidos…
Ese es su temperamento. Su temperamento ya no va a cambiar: es demasiado viejo. Su temperamento ya está cuajado, es inamovible.

Otra conexión con Madame Bovary: el personaje principal de Coetzee, Laurie, no despierta nuestras simpatías: es soberbio, terco, obstinado, se presenta gris y anodino, un erudito viejo que vive una vida fría, y, que, sin embargo, recibe sacudidas de deseo incontrolable y cede a ellas. El deseo como perdición.
Y, entonces, ¿con estas armas cómo es posible que Coetzee consiga una obra extraordinaria?
En primer lugar, por sus reflexiones existenciales, tan profundas y reales como las que nos asaltan a todos los seres humanos en las situaciones más inverosímiles. Esa clase de pensamientos que aparecen en nuestra mente como estrellas fugaces y que pocas personas, muy pocas, pueden retener, y menos aún, expresar de viva voz. Coetzee se convierte en un recolector de pensamientos, esos que entroncan directamente con las cuestiones más profundas, que más nos atormentan, que sacuden nuestra alma y duelen.
Se siente viejo, irritado. Ella se conduce de mala manera, está saliéndose con la suya, es demasiado; está aprendiendo a explotarlo, y probablemente aún lo explotará mucho más. Pero si ella se ha salido con la suya, él se ha salido con mucho más; si ella se conduce de mala manera, él se ha portado mucho peor. Mientras estén juntos, si es que lo están, él es quien lleva la voz cantante, ella es quien lo sigue. Más vale que no se olvide de eso.
Otro de sus aciertos es ser capaz de extraer ese tipo de reflexiones a partir de hechos físicos, de movimientos, de gestos de los personajes. Como ocurre en nuestra propia realidad:
…Si no percibe un en ella un apetito sexual pleno es solamente porque todavía es joven. Hay un momento que sobresale en el recuerdo, el momento en que ella lo engancha con la pierna por detrás de las nalgas para atraerlo más cerca de sí: cuando el tendón interno de su muslo se tensa contra él, siente el ímpetu del deseo y el alborozo. Quién sabe, piensa: tal vez a pesar de todo haya un futuro.
Además, Coetzee es muy hábil usando los “tempos” de la novela: acorta la longitud de los párrafos e imprime velocidad en secuencias vitales, usa con gran fluidez los diálogos para describirnos (por sus acciones, por sus pensamientos) a los demás personajes, y otros ardides como por ejemplo el uso de los dos puntos (:) que unen oraciones entre sí y permiten llegar a conclusiones causa-efecto.
Ciudad del Cabo: una ciudad pródiga en belleza, en bellezas.
El vino, la música: un ritual al que suelen jugar los hombres y las mujeres, unos con otros.

África aparece como un personaje propio, omnipresente en la historia, y, los estertores del Aparheid son el catalizador de la misma. En cierta forma Desgracia se comporta como un proceso de ósmosis, donde los personajes pasan de un punto a otro, dejando cosas por el camino, cualidades, esperanzas, sueños. Nada es lo mismo cuando llegan al otro lado, es ahí donde los protagonistas se muestran como seres intermedios, imperfectos y ambivalentes que no muestran sus cartas ni desvelan del todo sus secretos. Todo está dicho a media voz, se sobreentiende o, simplemente, no se dice.
Y, Laurie, el viejo Laurie contempla lo que lo rodea como un dinosaurio del pasado que no puede o no sabe adaptarse a los cambios porque no los comprende, no los comparte.
La clave quizá de todo esté en dos párrafos del libro:
Vuelve a entrar en Ciudad del Cabo por la N2. Ha estado fuera algo menos de tres meses, aunque en este lapso los asentamientos de los chabolistas han tenido tiempo suficiente para saltar al otro lado de la autopista y extenderse hacia el este del aeropuerto. El flujo de los vehículos debe ralentizarse mientras un niño con un palo arrea a una vaca extraviada para alejarla de la calzada. Es inexorable, piensa: el campo va llegando a las puertas de la ciudad. Pronto habrá ganado paciendo otra vez por el parque de Rondebosch; pronto la historia habrá trazado un círculo completo.
Si los viejos montan a las jóvenes, ¿cuál es el futuro de la especie?....Suspira. Los jóvenes abrazados, inconscientes, atentos sólo a la música sensual. No es este un país para viejos.

Creo que esa es la lección que nos deja Desgracia de Coetzee: “los viejos tiempos” son sólo un recuerdo del pasado, la naturaleza sigue su curso de forma lenta e imparable, sin que nada ni nadie pueda detenerla.
Los seres humanos, inamovibles de pensamiento y acción, sólo pueden sobrevivir si aceptan esa realidad, si se mezclan con lo nuevo. Pero ese proceso tiene un alto precio: es sumamente doloroso, indignante porque socaba la dignidad y crea deshonra, vergüenza. No es, ni de lejos, una catarsis de luz y alegría al estilo occidental. Y los viejos, los que no pueden adaptarse a esa nueva realidad, tan sólo podrán aspirar a tener una muerte digna: a que alguien les administre una inyección letal mientras se los acaricia y se los calma, para después, encerrarlos en una bolsa de plástico y quemarlos en un horno industrial. Asegurándose de que estén bien muertos.

sábado, 27 de febrero de 2010

El Escarabajo Palabrero


Hola amigos,
Quería pediros disculpas si habéis notado que últimamente mi presencia en el ciberespacio no es la habitual, pero circunstancias familiares me tienen ocupado en las últimas semanas y también me tendrán en las futuras. No obstante, mi rinconcito sigue a vuestra disposición. También trataré de participar en vuestros blogs aunque tal vez no con la frecuencia que yo quisiera.
Por otro lado, mi actividad literaria está abierta en muchos frentes, que os resumo a continuación:
Antonio Lois, un gran amante de la literatura, me ha pedido que me haga cargo hasta verano de “El escarabajo palabrero”: la tertulia literaria que él mismo instauró, con gran esfuerzo, allá por el año 2004/2005. Se trata pues de una tertulia con mucha solera, y no puedo ocultar que me llena de orgullo que Antonio haya pensado en mí para dirigirla, y a la vez, me preocupa no estar a la altura de su gran profesionalidad. Trataré de hacerlo lo mejor posible.
Por si estáis interesados, la siguiente reunión se celebrará el sábado que viene, 6 de marzo, a las 18:00 horas, en la primera planta de la librería Escarabajal (C/ Mayor, 26)
No podría dejar de mencionar que esta tertulia es posible gracias al apoyo de Ana Escarabajal y que el marco donde se celebra no podría ser mejor: la librería de su familia, fundada en 1888, y premiada con el VII Premio Librero Cultural, por su tarea continua de dinamización cultural y de difusión del libro y de la lectura durante el año 2005.
Por El escarabajo Palabrero ha pasado una pléyade de escritores de primera fila durante estos cinco años. Para que os hagáis una idea: Gloria Méndez (“Atrapado por la realidad”, “Los ladrones de la noche y otros relatos”, “Crónica de una decepción” y “Arturo y los espejos”), Gonzalo Giner (“La cuarta alianza”, “El secreto de la logia” y “El sanador de caballos”), Ignacio Borgoñós (“Tríptico toledano. La trilogía de Toledo”, “Hotel Mandarache”, “Ánimos sombríos” y “Recitando a Petrarca”), Jerónimo Tristante (“Amanece en verde”, "Crónica de Jufré", "El rojo en el azul", “El misterio de la casa Aranda”, "El caso de la viuda negra", "El tesoro de los nazárenos" y “1969”), Miguel Angel Casaú (“De dioses, hombres y demonios” y “Felicity”), Antonio Llorente (“Paradigma”, “Oniris Causa”, “Monólogo...y doce compañías” y “El Apocalipsis”), Ezequiel Perez Plasencia (“El teléfono y otros cuentos” y “El orden del día”), Erna Perez de Puig (“Desde mi ventana. Confidencias con Isaac Peral”, “Isaac Peral. Su obra y su tiempo”, “Para que no lo borre el viento”, “El palacio de Casa Tilly”, “Páginas de nuestra historia” y “Cuando la edad no cuenta”), Paco López Mengual (“La memoria del barro” y “El mapa de un crimen”), Patrick Ericson (“Baile de dríadas”, “La escala masónica”, “Génesis”, “De profundis”, “El ocaso de las siete colinas” y “Objetivo: Adolf Hitler”).
Así que ya sabéis: estáis invitados. El libro que comentaremos será “Desgracia”, del premio nobel J.M. Coetzee, aunque la tertulia queda abierta a cualquier inquietud literaria, y por ende, existencial.

Y siguiendo con mi actualidad literaria: además de la tertulia, voy a colaborar con una conocida página de reseñas comentando libros. Dado que estoy leyendo el primero, y todavía no he hecho mi aparición en la misma, prefiero no decir su nombre (no vaya a ser que no les guste cómo lo hago, je,je..).
Y por otro lado, voy a colaborar con algunas revistas literarias (no sé de dónde voy a sacar el tiempo).
¿Y escribir?
Umm… Creo que voy a ser fiel a lo que os dije: quiero mejorar como escritor. Así que utilizando una imagen propia del fútbol: ahora mismo me he detenido en el campo de juego, como un buen centrocampista, y he levantado la mirada para pensar qué hacer. Mi intuición me dice que lo que me comentó una buena amiga (Esther de Prosófagos) es acertado: “puedes plantearte tu carrera literaria como una carrera universitaria”.
Qué queréis que os diga, amigos: tengo muchísimo que aprender.

Ah, y casi lo olvido: mi amiga Julia Siles, conocida por muchos de vosotros por su pseudónimo: Elizabeth Baker, ha tenido la amabilidad de entrevistarme, y yo, ni corto ni perezoso, me he explayado a gusto porque me sentía a las mil maravillas con sus estupendas preguntas. Os dejo el enlace por si queréis saber un poco más de este novel, y ya de paso le echáis un vistazo a su excelente blog:
http://juyjo.blogspot.com/

¡Gracias, Elizabeth!

lunes, 8 de febrero de 2010

En construcción


ÚLTIMO AVISO: Mañana viernes a las 17:00 p.m. (hora de España), se cierra el plazo de admisión de biografías (como comprenderéis necesito unas horas para terminar de montarlo todo y poder sacarlo el sábado).
Agradezco vuestra colaboración.


Hola, amigos.
Como sabéis estoy preparando una nueva entrada con noticias "vuestras". Quiero que sea una entrada especial y me lo estoy currando, que conste. Muchos de vosotros y vosotras habréis recibido mensajes míos, bien a través de emails o Facebook, pero dada mi memoria de pez, os rogaría que aquellos que no los hubieran recibido, perdonéis mi olvido, y os pongáis en en contacto con un servidor..
Para ello dejaré mi email en abierto y sólo durante esta semana, pues quiero publicar la entrada para el sábado que viene como máximo: este es mi email.

¿Y de qué va esta entrada? Pues va a constar de una pequeña biografía literaria vuestra, enlaces de internet y lo que estás haciendo en la actualidad (proyectos, manuscritos, concursos, relatos). Bueno, en realidad, quiero rendir tributo a la pasión que todos tenemos en común: la literatura.

No sólo de escritores (aunque lo son de momento), también críticos literarios o aquellos que estéis metidos en talleres, o seáis lectores profesionales, o jurados, (estoy pensando en ti Oriafontan, si te interesa, por ejemplo).

Digamos que estoy haciendo una compilación de escritores noveles y no tan noveles, a lo que voy a llamar LA GENERACIÓN DEL XXI.

¿Os apuntáis?

jueves, 4 de febrero de 2010

Literary agents

Hola, amigos.

Francisco Gijón ha tenido la amabilidad de facilitarme un par de enlaces bastante atrayentes relacionados con el mundo editorial, y como El alma impresa es un rinconcito de la blogosfera pensado para que os sintáis como en vuestra casa, os los pongo a continuación para que quien esté interesado puede hacer disfrute de los mismos.

Os copio los comentarios de Francisco:
1) En la siguiente web de Estados Unidos te dan un listado de todos los agentes (también los que aceptan manuscritos en español) y muchísima información sobre cómo debe ser la carta a la editorial o al agente para captar su atención y cómo hacer tu perfil biográfico.

2) Esta web, donde aparece un largo listado de agentes literarios, sobre todo de UK, pero también en otros países.


Como podréis ver, ambos enlaces están centrados en el extranjero. Lo de buscar "las lentejas editoriales" fuera de España ya nos ronda a más de uno por la cabeza. Yo, personalmente, aún no me he atrevido a dar el paso porque se me plantean dos cuestiones que me echan para atrás: a) mi escaso dominio del inglés, y b)que tendría que tener una traducción de uno de mis manuscritos (claro está una traducción como Dios manda, que vale su dinerito, dinerito del que no dispongo).

Lo cierto es que las expectativas de publicar fuera se antojan mucho mejores que las de aquí. Primero, hay muchísimos agentes literarios (sólo en New York hay más que en toda España), Segundo: por lo general, los profesionales parecen tratar mejor al autor que aquí ( te ponen un secretario/a a tu disposición, y a la de otros autores, que gestiona tu correspondencia y te promueve, por ejemplo), nota: este punto habría que matizarlo, pues sé por otros amigos que sus agentes españoles los tratan muy bien, y Tercero: hay muchos autores famosos que, en España, apenas pueden vivir con lo que sacan de sus regalías, mientras que autores de segunda fila, en EE.UU. pueden vivir holgadamente, ¿por qué? Pues porque las tiradas de libros en el mundo anglosajón superan con creces a las nuestras. Hablamos de tiradas mínimas con cuatro ceros.

En resumen, que el amigo Francisco Gijón nos ha puesto los dientes largos.

Aunque bueno, yo sigo aquí, en Hispania, con mis líos y jaleos: novelas a medio leer, historias a medio contar y una carrera literaria que no depega.... ¿Se puede pedir algo más?

P.D. De todas formas, gracias Fran por la información.

sábado, 30 de enero de 2010

Por quién doblan las campanas, de Ernest Hemingway.


Sobre Ernest Hemingway (1898-1961) deben haberse escrito miles de páginas, no sólo por su literatura, también por la fascinación que parecía provocar la persona detrás del artista. Sin duda, esa polaridad resulta de lo más intrigante. Como es sabido, Hemingway siempre mantuvo la convicción de que el escritor, para mantenerse puro, debía permanecer aislado del mundo. De hecho, cuando recibió el premio Nobel en 1954 no fue a recogerlo en persona, alegando:
…Escribir bien requiere la soledad… aunque un escritor gane en importancia social al salir de su soledad, casi siempre es en detrimento de su propia obra… porque es en la soledad donde tiene que llevar a cabo su propia obra, y cada día tiene que enfrentarse con la eternidad o la ausencia de eternidad.
Sin embargo, a pesar de estas convicciones, era frecuente encontrar al maestro en el Floridita de la Habana tomando mojitos o en la plaza de toros de Pamplona en pleno San Fermín. Era un hombre que se relacionaba con personas de todos lo estatus, y que despertaba simpatía entre la gente porque comía sus comidas, bebía sus bebidas y hablaba sus idiomas. Hemingway siempre amó las cuestiones prácticas de la vida, y, como corresponsal de guerra, hay muchas anécdotas que lo sitúan en las zonas más peligrosas del frente.

¿Por qué entonces esa obsesión por la soledad del escritor cuándo él no la profesaba?

Yo creo que la explicación podemos encontrarla en sus propios libros.
Cuando leí “Por quién doblan las campanas” siempre tuve la sensación de que Hemingway me contaba algo que era “verdad”, y, aunque la novela esté narrada en tercera persona, no pude desembarazarme de la percepción de que su voz auténtica era la primera. Y es que la verdad que destila el libro es de las que te sacuden, de las que duelen como el frío punzante de una mañana de invierno. Parte de ese embrujo lo produce su estilo, tan cercano a la vida, que sorprende por su sencillez, una sencillez que prescinde de artificios, con una prosa bellísima, donde las redundancias y repeticiones, en vez de lastrar, musicalizan. Sus historias, son historias sobre personajes, sobre sus pensamientos más íntimos, sobre sus reflexiones vitales y ante todo, se asientan en unos magníficos diálogos que perfilan a los seres humanos con una precisión casi quirúrgica. Leer a Hemingway es hacer un doctorado sobre la realidad que nos rodea.
Esa es la respuesta a la pregunta sobre por qué el escritor debe abandonar el ascetismo intermitentemente: la necesidad de la mirada inequívoca del gran observador, que hunde sus raíces entre los seres humanos, las ciudades y los pueblos, que escucha sus voces, se empapa de sus matices, de sus tonos y expresiones. Que deja grabado en un rincón del alma, las imágenes, los gestos, los olores, los sentimientos… para después, como un ermitaño alejado del mundo, reproducirlos a través de conexiones inexplicables entre corazón, mente y memoria, mezclando con genialidad, lo verdadero, lo imaginado, lo vivido y lo que a uno le hubiese gustado vivir.


Por quién doblan las campanas está ambientada en la Guerra Civil española, y cuenta las peripecias de un profesor norteamericano, experto en explosivos, que tiene que volar un puente para preparar la contraofensiva republicana. Para ello se infiltrará detrás de las líneas enemigas y contactará con un grupo de unos guerrilleros que se ocultan en las montañas. Transcurre temporalmente en sólo tres días, en los cuales, las existencias de todos ellos se condensan valiendo toda una vida.
Publicada en 1940, la novela fue un absoluto éxito de crítica y público. Un éxito que se materializó en una buena inyección económica (vendió en un año más de un millón de ejemplares y los derechos cinematográficos que culminaron en una película protagonizada por Gary Cooper e Ingrid Bergman), pero como contrapartida, le colocó el listón muy alto a Hemingway, que no consiguió superar hasta “El viejo y el mar”.
Esta novela es, por encima de todo, un alegato contra lo absurdo de la guerra, sobre lo ridículo de las posiciones entre los bandos, sobre el caos, la supervivencia, y sobre lo hondas que son las heridas, pero que, a pesar de todo, pueden llegar a cicatrizarse.
Os dejo un enlace sobre un prólogo del libro, realizado por
Juan Villoro, que me gustó mucho.