lunes, 14 de diciembre de 2009

Nuevos escritores

La recién creada editorial “Edalie publicaciones”, ha comenzado su andadura en el mercado literario con dos compañeros del foro Bibliotecas Virtuales: Ithur y Warkos (aunque debería puntualizar que ambos son compañeros de un post titulado “Mis contactos con las agencias” creado por Elisabet, y que constituye en sí mismo un foro dentro de Bibliotecas Virtuales).
Edalie es una editorial on-line que ofrece dos tipos de publicaciones: e-book (libro electrónico) y p-book (libro impreso), con un coste “cero” para el autor, alejando, por tanto, los temidos y frustrantes fantasmas de coediciones y autoediciones. Pero para mí, lo más importante que ofrece Edalie en el panorama actual es una salida honrosa a los autores noveles a los que las grandes editoriales dan sistemáticamente la espalda. Os copio el enlace de su página web:
http://shop.eldaliepb.com/
Y dicho esto paso a presentar las obras de nuestros compañeros, que de eso trata esta entrada:

LA IRA DEL DIOS OSCURO
(LOS DIEZ REINOS, LIBRO I)
de Juan Jesús Hernández Gómez
(conocido por algunos de vosotros como Ithur)


Sinopsis de la obra:
Nacido con un don que le permite comunicarse con los animales, el joven Revan ha sido criado por dos misteriosos personajes que esconden secretos que el muchacho ni siquiera alcanza a imaginar.Cuando todo su mundo se derrumba debido al feroz ataque de un ejército procedente de un reino enemigo, Revan se embarca en un viaje lleno de peligros y aventuras donde encontrará y perderá amigos, se enfrentará a pruebas terroríficas y violentas y, sobre todo, descubrirá quién es en realidad y cuál es el destino que le aguarda al otro lado del mundo.

Sobre el autor:
Juan Jesús Hernández, natural de Cádiz, es, a pesar de su juventud (20 años), un escritor muy prolífico, pues tiene en su haber catorce novelas, diez de las cuales configuran el proyecto de “Los Diez Reinos”. “La Ira del Dios oscuro” es además del primer volumen de este proyecto, su primera novela publicada, y está centrada en la literatura fantástica.
Conocido por su simpatía, por su imaginación desbordante y por el entusiasmo que siente hacia la escritura, estoy seguro de que esta primera obra de Juan Jesús no defraudará a nadie.


El enlace donde podéis adquirir la novela (también podéis acceder a ella mediante la imagen del Escaparate del blog, situado en la columna de la derecha):
http://shop.eldaliepb.com/product.php?id_product=14

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ÚLTIMOS SUSPIROS

de Marcos Moreno

(conocido por algunos de vosotros como Warkos)


Sinopsis de la obra:
Hay una cosa que nos conecta a todos en esta vida, y eso es la Muerte... Pasando de lo trágico a lo irreverente, de lo personal a lo ajeno, de lo crudo a lo surrealista, esta obra nos presenta una serie de historias cortas que muestran desde diversos enfoques la forma de percibir ese fatídico encuentro.

Sobre el autor:
Marcos Moreno nació en 1977 en Barcelona. Es licenciado en Periodismo y en Relaciones Laborales por la Universidad Pompeu y Fabra, y ha desempeñado la labor periodística en Diari de Sabadell, TVE y el departamento de prensa de ESADE. También ha colaborado con otros medios escritos como las revistas [Ox]ígeno y 7 Metros, y presentando un programa de radio en Alternativa Barcelona. Actualmente es redactor jefe de la revista Evasión. Marcos es además de novelista, poeta y escritor de cuentos. “Últimos suspiros” es su primera obra que sale a la luz.

El enlace donde podéis adquirir la novela (también podéis acceder a ella mediante la imagen del Escaparate del blog, situado en la columna de la derecha):
http://shop.eldaliepb.com/product.php?id_product=11

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Os deseo a ambos mucho éxito con vuestras obras.

Y para que no se diga: ¡yo ya las he comprado!

viernes, 11 de diciembre de 2009

La brújula loca, de Torcuato Luca de Tena.

Corre la primavera del año 1937 y la aviación del general Franco bombardea Santander dentro de las acciones por hacerse con el Norte de España. Los vecinos de la capital cántabra se afanan en buscar cuerpos de entre los escombros de una casa alcanzada por una de las bombas caídas durante la noche. De puro milagro hallan a un niño que, a pesar de estar inconsciente, ha podido salvarse gracias a que la criada lo protegió con su propio cuerpo.
Horas después, Perico despierta en la más completa soledad de la taberna donde lo llevaron. Confuso, y sin que nadie se dé cuenta, vuelve a su hogar, escala una montaña de ruinas y se queda durmiendo en la maltrecha habitación. A la mañana siguiente, los vecinos lo buscan con la finalidad de cumplir las órdenes del alcalde, quien dictaminó embarcar a Perico en el Odesa, un buque soviético cargado de niños refugiados que hará escala en el puerto y que era el principal objetivo de la aviación franquista. Mientras, Perico pasea por la playa tratando de localizar a sus hermanos pero se topa con un curioso personaje, un viejo socarrón y desdentado, que se queda perplejo ante su desparpajo. Es Martín Pescador. Después de pasar el día con él, regresa a su casa en ruinas, donde, para su decepción, todo sigue en las mismas condiciones. Su mente infantil, auspiciada por la cizaña de su oso de trapo, dictamina que sus padres y hermanos han regresado a Madrid sin él.
Sin perder tiempo, llena una caja de madera con un montón de cosas útiles a sus ojos: una estatuilla de la Virgen, el diente de su hermana pequeña, la foto del novio de la criada vestido de quinto, una medallita, un peine, un estuche vacío, un bote de crema Nivea y un par de calcetines. Y con tan singular equipaje pone rumbo hacia Madrid, mientras España entera es sacudida por la guerra.
―¿Adónde me llevas? ―preguntó la Virgen.
―A Madrid―respondió Perico.
―¿No has oído decir que hay guerra?
―Sí lo he oído, pero ¡a mí no me da miedo!

Así comienza “La Brújula Loca” (1964) de Torcuato Luca de Tena, un libro que me prestó mi amiga Isis y que ha sido un entrañable descubrimiento. La novela tiene ese sabor añejo de la buena literatura española, enraizada directamente en el Quijote o el Lazarillo de Tormes, donde se van sucediendo toda clase de personajes y escenarios pintorescos, magníficamente tintados con dialectos propios de cada zona y un lenguaje riquísimo en expresiones y giros gramaticales. Cual hidalgo febril, Perico fija sus molinos de viento en la capital de España y no cejará en su empeño de llegar a ella esperando lanzarse a los brazos de su madre (temiendo por otro lado que ésta le regañe por haberse retrasado). En su aventura lo acompañarán aquellos que irá engatusando con su pícaro magnetismo, incluido su más fiel escudero: el prudente y cobarde Tres patas, un perro pulgoso especialista en sobrevivir a los envites de la calle.

Cómica, cínica, tierna, dura, pícara, desgarradora, alegre, melancólica… "La brújula loca" es una historia narrada con mucha belleza que os encogerá el corazón.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Mi experiencia con la corrección (II)

Hola, amigas y amigos.
Tras unos días de intenso trabajo literario y escasas horas de sueño, por fin conseguí terminar la revisión de mi último manuscrito. Debo confesar que estoy muy orgulloso de este trabajo por el esmero y las ganas que le he puesto. Tras varios meses de revisiones con momentos buenos y malos, si miro hacia atrás pienso, sinceramente, que ha merecido la pena. De hecho, ahora empiezo a comprender frases como: “la revisión puede llevarte más tiempo que la propia escritura” o “tienes que dedicar mucho tiempo a un párrafo”. Jolines, en mi caso creación y revisión han estado casi a la par en términos cuantitativos de tiempo, y, SÍ: tardé horas en revisar un página que escribí en minutos, y, SÍ: me atasqué leyendo y releyendo un único párrafo (cientos de ellos), del derecho y del revés, batallando con redundancias, con chirridos molestos para el subconsciente, y cómo no, me confieso perpetrador de un crimen: pues seguí las instrucciones de los grandes maestros y asesiné a mis seres queridos. Ya que para avanzar no hay otra forma: debes despojarte de cierto egocentrismo, de cierta autosuficiencia que engalana tu ego pero lastra tu obra. Aunque fijaos que dije “cierto/cierta”. ¡Che, sólo soy un aprendiz imperfecto!

En esta labor post-creación debo agradecer la ayuda a tres mujeres.
La primera, mi esposa, que entraría dentro de la definición del maestro King como mi “lectora ideal”. Ella ha sido y es mi primera lectora, pues ha leído todos mis manuscritos, incluyendo el famoso mamotreto de 900 páginas, que por cierto, es el que más le gusta, aún cuando las editoriales y agencias no quieran verlo ni en pintura. Su apoyo es primordial para mí. Un escritor (o aspirante a escritor) necesita alguien que le ponga los pies en la tierra, que le anime cuando se siente derrotado y le diga que no es el fin del mundo, o que le eche un jarro de agua y le ponga los puntos sobre las “íes” cuando se ha pasado de la raya y ha escrito una bazofia. Por suerte, la escritura no es como la vida, pues en el caso de la primera podemos revisar y revisar antes de dar a luz. Pero como dijo la increíble Esther de Prosófagos (una chica con un don especial para corregir y para detectar arrugas): si no te esmeras lo suficiente, y publicas tu obra con fallos, luego te arrepentirás, porque saldrá a la calle, se hará independiente y no podrás cambiarla. Y yo añado: lo peor de todo, para un escritor que se precie, es contemplar una obra suya y saber que pudo hacerla mejor, que pudo poner más de sí.
Y continuando con el hilo: mi esposa leyó el manuscrito y me hizo sugerencias que me fueron muy útiles, fundamentalmente en el desenlace de la obra, donde tuve que soltar lastre por mi tendencia a empedrarlo todo, y después de tres borradores, ha quedado bastante majo. ¡¡Muchas gracias por aguantarme!!
Las otras dos personas han sido dos amigas cuya identidad no revelo porque ellas mismas me lo pidieron (al menos una de ellas explícitamente y la extiendo a la otra por si acaso, ¡qué queréis que os diga!, mejor pecar de prudente).
Estas amigas (relacionadas con la literatura en distintos grados) tuvieron la amabilidad de ofrecerse, sin que yo lo pidiera, para leer una parte del manuscrito, en concreto las cincuenta primeras páginas. Quizá para muchos no sea un número muy significativo, pero en el caso de esta nueva novela sí lo es por algunas razones: la estructura ya está definida, aparecen los personajes principales, y también el estilo.
Sin que ambas amigas supieran entre sí sus identidades respectivas, sus comentarios coincidieron en muchos puntos: la excesiva descripción del entorno (“Sergio parece como si quisieras describir una ciudad entera con los ojos del personaje), el uso reiterado de frases cortas que la hacían muy cortante a ojos del lector, así como varias cosillas de gramática, puntuación y el uso de la raya en los diálogos, sobre todo en las intervenciones no habladas. Os dejo un enlace que puede seros de utilidad:

De la primera amiga secreta (primera por orden de ofrecimiento, que conste) debo destacar que me ha ayudado un montón (con apuntes, correcciones…), pero sobre todo le estoy profundamente agradecido por su “visión editorial” adquirida con su propia experiencia. Así, siguiendo sus consejos, aumenté el ritmo del inicio del manuscrito, alternando dos capítulos entre sí (segundo por primero). El inicio es fundamental en una obra y yo, tiendo a comportarme como un motor diesel, arranco despacito y voy ganando terreno conforme pasan las páginas, lo cual no es muy aconsejable en este mundo literario con el que nos ha tocado lidiar. Y si no que os lo digan a vosotros, que como yo estáis acostumbrados a los rechazos, pues como es sabido, las editoriales y agencias piden a menudo tan sólo las primeras páginas. ¡¡Muchas gracias por tus sabios consejos, primera amiga secreta!!
Y respecto a la segunda amiga, pues maravillosa también (es una lectora con un olfato finísimo): me dio consejos, enlaces, me escribió apuntes, correcciones… buff… se portó genial, algo que no se puede expresar con palabras. Y me dio profundos ánimos, que también se agradece. ¡¡Muchas gracias segunda amiga secreta!!

En resumen, que le debo mucho a estas dos amigas (y a mi esposa) porque uno termina obcecándose con la obra y necesita una referencia externa, que le hable con cierta objetividad o subjetividad, pero que le dé una opinión para que uno pueda darse coscorrones contra la pared, y aunque en un principio se rasgue las vestiduras (creedme, a veces, ocurre), luego tras una reflexión más fría puede sacar muchas cosas de provecho.

Y para finalizar os pongo un adelanto de mis conclusiones respecto a la corrección, que tal vez, en el futuro, termine completando. Pero, ojo, no me toméis muy en serio, al fin y al cabo, sólo soy un autor novel, un aspirante a escritor que aún no ha publicado:

1. Tras el primer borrador es cierto que hay que dejar reposar el manuscrito. No puedes seguir corrigiendo con la excusa de que las primeras partes las escribiste hace meses (lo hemos hecho todos y es un atajo inadecuado). Yo dejé un mes, y no fue suficiente. La próxima vez pondré el listón en seis semanas.

2. La primera revisión debes hacerla tú solo (sin ayuda de nadie) y debe ser general para detectar el ritmo de la novela, si los tiempos verbales son adecuados, si el sentimiento es correcto y emociona, también posibles lagunas argumentales, y si existe alguna cosa o tema que debas resaltar, o mejor expresado: si tu novela trata de algún tema en concreto, en el que no habías reparado. Esto que puede sonar a locura transitoria ocurre en mi caso porque yo escribo sin conocimiento previo de lo que va a ocurrir y por tanto la historia crece por sí misma. En esta revisión puedes descubrir conexiones entre ciertas partes que tal vez, hayan quedado demasiado débiles o dispersas. Anótalas y ensálzalas si es necesario. Y por contra, pule (elimina, cercena) aquellos excesos de información o párrafos redundantes que en esta lectura general saltan como balizas en un mar oscuro.

3. La segunda revisión debería leerla alguien más aparte de ti mismo, y si es posible más de una persona de tu confianza (en mi caso bastó con las primeras páginas, aunque por supuesto es mejor toda la obra). En esta revisión céntrate en correcciones ortotipográficas, para darles tiempo a tus lectores a darte consejos. Seguramente te los darán antes de acabar y así puedes, tras estudiarlos, empezar a meterlos en la revisión (que podría saltar casi que a la tercera).
Si el cambio sugerido es importante (tanto como para obligar a reescribir la historia) tómate tu tiempo para asimilarlo. Tal vez tu primera reacción sea echar espumarajos por la boca, pero créeme, debes dejar pasar un tiempo para comprender, para asimilar con el cerebro.

4. Tal vez, requieras de más revisiones antes de la última, yo creo que estuve por cinco o seis, pero no fueron profundas cada una de ellas, pues afectaban a partes distintas cada vez (tiempos verbales, ortografía…).

5. Lo que sí recomiendo es una última revisión exhaustiva, párrafo a párrafo, frase a frase, palabra a palabra, chirrido a chirrido. Larga, concisa y sin piedad. Es la que más me costó y fue la que mejor deja al manuscrito. ¡Parece mentira que pueda darse un salto tan importante al final!

6. Por último conviene usar el Word o cualquier otro programa para darle un nuevo barrido a todo y encontrar nuevas faltas ortográficas (a veces, tras tantas revisiones, sale algún horroroso gazapo). Tened en cuenta que habéis revisado y simultáneamente reescrito ciertas partes, por lo que el error es posible.

7. Y para finalizar: Maquetación, simple y concisa. Cuanta más sensación “de limpieza” deje el manuscrito, mejor. Sin grandes alardes, ni dibujos, ni fotos, ni letras saltonas, ni nada de eso. En mi caso y por si os interesa: letra New Times al 12, interlineado 1.5, y portada sencillita, con títulos en 14 y mis datos personales en la esquina derecha (como me dijo Daniel DC).

Bueno, Esta ha sido mi primera incursión seria con una corrección (a este nivel, claro). Lo dejo escrito para recordarlo la próxima vez, como una especie de ruta. De todas formas, no todo el trabajo está hecho, después, si hay suerte, han de venir los profesionales con sus sugerencias, con sus consejos, con nuevos fallos… Resumiendo: más trabajo todavía.
¡Ah, se me olvidaba! Lo más importante que he sacado en claro y que me ha enseñado el “clic” que os comenté en la anterior entrada, es que para corregir debéis desarrollar un vínculo entre vuestro cerebro lógico y vuestro cerebro creativo. El lógico detecta los chirridos, las arrugas, señala los puntos flacos, lo que no funciona, pero es el creativo el que reescribe. Es algo así, como los coches híbridos, por buscar un símil.
¡¡Menudo rollo os he soltado!! ¿Seguís ahí? Je,je, je… un abrazo.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Una vida de ermitaño.


Como sabéis, estoy ultimando la corrección de mi cuarto manuscrito.
La suma de varios factores: un catarro matrimonial (…en lo malo y en lo bueno, en la salud y en la enfermedad…), una semana de vacaciones forzadas y la llegada del frío (tampoco mucho), han provocado que mi mujer y yo tengamos que enclaustrarnos en nuestro pisito, y que me centre.
Realmente hago lo que nos gustaría a muchos: vivir como un escritor, o casi. Me levanto de madrugada y trabajo a conciencia durante horas. Pero ha ocurrido un suceso inesperado. Siento que algo hizo “clic” en mi cabeza. Tal vez, una ruedecilla celular invisible giró ―sólo Dios sabe por qué―, encajando donde debía hacerlo, y, de esa manera, el engranaje de la máquina literaria que habita en mí se puso en marcha. De hecho, hace apenas unos días una amiga me dio su opinión sobre uno de mis relatos breves. Señaló varios fallos y apuntó consejos muy útiles, pero, yo, aunque quería aprender de los errores, no conseguía conectar con lo que ella me comentaba. Era como si estuviese ciego. Y, ahora, de pronto, el velo de terquedad se ha retirado de mis ojos. Por lo menos una parte del mismo.
La nueva revisión supone un salto cualitativo bastante importante. Pienso que en esta semana lograré mejor trabajo que en dos meses de los de antes. Eso sí, con limitaciones, pues tengo claro que para que mi escritura “sobresalga” necesitaré la ayuda de los grandes, aunque debo matizar, que éstos serán ―finalmente― clásicos y contemporáneos.
Os hablaré de las conclusiones cuando pase la tormenta.
En paralelo a la revisión, he empezado a ojear el libro “Saber escribir” del Instituto Cervantes que me aconsejó Javier Pellicer (
http://tierradebardos.blogspot.com/ ), y por las noches, ya en cama, leo “La brújula loca” de Torcuato Luca de Tena, estimado préstamo de mi amiga Isis
(http://unpasilloencerado.blogspot.com/). Los descansos que me permito durante la revisión los dedico a visitar vuestros blogs o a echar un ojo en los foros.
Ahora, mientras escribo, observo la pila de libros que se amontonan en las baldas de las estanterías de mi despacho, algunas de ellas combadas (no exagero) por el peso. He anticipado los Reyes y ardo en deseos de iniciar la lectura.
Y para rematar la faena, ayer noche me topé con una sorpresa que me dejó el amigo Oriafontan en los comentarios de la anterior entrada. Todavía estoy en estado de shock.
¿Tendré fiebre?

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Consejos del maestro King


Mientras trato de reorganizar las ideas que me han surgido tras la última entrada gracias a los comentarios que tan amablemente aportasteis (ya vislumbro por dónde irán mis próximos pasos), me he dedicado a releer el libro del tito King ("Mientras Escribo", Plaza & Janés, 2001), del que se pueden sacar, a mi parecer, un buen puñado de consejos utilísimos.

Creo que ya os he comentado en alguna ocasión que tengo una verdadera dificultad para resumir, defecto que pago bien caro con las sinopsis de mis manuscritos. Cuando terminé de leer el libro del maestro King y seleccioné los párrafos o frases que me habían parecido más interesantes, me topé con algo más de una docena de hojas. "Sí, es de locos".
Tras reducirlas, os expongo a continuación aquellas ideas que más me han impactado. Perdonad la extensión, pero creo que son una delicia y, que en muchos casos, además de aprender, os sentiréis identificados. ¡Que aproveche!


Stephen King

• Escribir una historia es contársela uno mismo. Cuando reescribes, lo principal es quitar todo lo que no sea la historia.

• Hay que escribir con la puerta cerrada y reescribir con la puerta abierta. Dicho de otra manera: al principio sólo escribes para ti, pero después sale afuera. Cuando ya tienes clara la historia y la has contado bien (al menos dentro de tus posibilidades), pertenece a cualquier persona que quiera leerla. O criticarla. Si tienes mucha suerte serán mayoría los que prefieran lo primero a lo segundo.

• Aprendí dos cosas: primero, que la impresión inicial del autor sobre el personaje o personajes puede ser tan errónea como la del lector. Segundo (pero no en importancia), darse cuenta de que es mala idea dejar algo a medias sólo porque presente dificultades emocionales o imaginativas. A veces hay que seguir aunque no haya ganas. A veces se tiene la sensación de estar acumulando mierda. Y al final sale algo bueno.

• Recuerda que la primera regla del vocabulario es usar la primera palabra que se te haya ocurrido siempre y cuando sea adecuada y dé vida a la frase.

• La mejor manera de atribuir diálogos es «dijo».

• Los verbos pueden conjugarse en dos voces, activa y pasiva. El sujeto de una frase con el verbo en voz activa hace algo, mientras que al de una frase con el verbo en voz pasiva le están haciendo algo. El sujeto no interviene. Te recomiendo evitar la voz pasiva.

• Desconfía del adverbio.

• Yo soy del parecer de que la unidad básica de la escritura es el párrafo, no la frase.

• Si bien es imposible convertir a un mal escritor en escritor decente, e igual de imposible convertirá un buen escritor en fenómeno, trabajando duro, poniendo empeño y recibiendo la ayuda oportuna sí es posible convertir a un escritor aceptable, pero nada más, en buen escritor.

• Si quieres ser escritor, lo primero es hacer dos cosas: leer mucho y escribir mucho. No conozco ninguna manera de saltárselas. No he visto ningún atajo.

• Leyendo prosa mala es como se aprende de manera más clara a evitar ciertas cosas

• Por otro lado, la buena literatura enseña al aprendiz cuestiones de estilo, agilidad narrativa, estructura argumental, elaboración de personajes verosímiles y sinceridad creativa.

• También leemos para medirnos con los buenos escritores y los genios, y saber hasta dónde se puede llegar. Y para experimentar estilos diferentes.

• Quizá te encuentres con que adoptas el estilo que más admiras. No tiene nada de malo.

• Si tuviera un centavo por cada persona que me ha dicho que quiere ser escritor pero que «no tiene tiempo de leer», podría pagarme la comida en un restaurante bueno ¿Me dejas que te sea franco? Si no tienes tiempo de leer es que tampoco tienes tiempo (ni herramientas) para escribir. Así de sencillo.

• Leer es el centro creativo de la vida de escritor.

• Si no te diviertes no sirve de nada. Vale más dedicarse a otra cosa donde puedan ser mayores las reservas de talento, y más elevado el cociente de diversión.

• Opino que la primera redacción de un libro (aunque sea largo) no debería ocupar más de tres meses, lo que dura una estación.

• La mejor ayuda para una producción regular (¿trollopiana?) es un ambiente sereno.


• Escribir y dormir se parecen en que aprendemos a estar físicamente quietos al mismo tiempo que animamos al cerebro a desconectar del pensamiento racional diurno, rutinario.

• Pero son necesarias la habitación y la puerta, y es necesaria la decisión de cerrarla.

• No esperes al muso. Ya te he dicho que es un tozudo, y que no se le puede pedir mucho aleteo creativo. No te estoy hablando de ningún tablero Quija, ni del mundo de los espíritus, sino de un oficio cualquiera, como fontanero o camionero. El tuyo es procurar que el muso sepa dónde encontrarte a diario desde las nueve a las doce, o desde las siete a las tres. SÍ, lo sabe, te aseguro que tarde o temprano se presentará con el puro en la boca y la magia en el saco.

• ¿De qué escribirás? Y de una respuesta igual de grande: de lo que te dé la gana. Lo que sea... mientras cuentes la verdad.

• En general, la gente que compra libros no se guía por el mérito literario de una novela. Quieren una historia entretenida para el avión, algo que los cautive desde el principio, que los absorba y los impulse a girar la página. Esto, a mi juicio, ocurre cuando los lectores reconocen a los personajes, su comportamiento, su entorno y su manera de hablar. Una manera de que el lector se sienta dentro de la novela o el cuento es que oiga ecos muy fuertes de lo que vive y piensa. Mi opinión es que es imposible conseguir la conexión de manera premeditada, a base de estudios de mercado.

• Escribe lo que quieras, infúndele vida y singularízalo vertiendo tu experiencia personal de la vida, la amistad, las relaciones humanas, el sexo y el trabajo. Sobre todo el trabajo

• A mi modo de ver, todos los relatos y novelas constan de tres partes: la narración, que hace que se mueva la historia de A a B y por último hasta Z, la descripción, que genera una realidad sensorial para el lector, y el diálogo, que da vida a los personajes a través de sus voces. Te preguntarás dónde queda la trama. La respuesta (al menos la mía) es que en ninguna parte.

• Desconfío de los argumentos por dos razones: la primera, que nuestras vidas apenas tienen argumento, aunque se sumen todas las precauciones sensatas y los escrupulosos planes de futuro; la segunda, que considero incompatibles el argumento y la espontaneidad de la creación auténtica.

• Me fío mucho más de la intuición, gracias a que mis libros tienden a basarse en situaciones más que en historias.

• Para que el lector se sienta dentro de la historia, concedo más importancia al escenario y el ambiente que a la descripción de personajes.

• Cuando un símil o metáfora no funciona, el resultado puede ser cómico

• La clave de escribir diálogos buenos, como en todos los aspectos de la narrativa, es la sinceridad.

• En última instancia sólo hay dos secretos: prestar atención a lo que hace la gente que te rodea y contar la verdad de lo que has visto.

• Considero que las historias siempre acaban hablando de gente, más que de acontecimientos. Es otra manera de decir que el motor son los personajes.

• Si sigues escribiendo narrativa descubrirás que todos los personajes que creas tienen algo de ti. Cuando te preguntas qué hará un personaje en determinadas circunstancias, la decisión que tomas se basa en lo que harías tú

• Si escribes una novela, si te pasas semanas o meses hilvanándola palabra por palabra, cuando la tengas acabada le deberás algo a ella y a ti mismo: descansar...y preguntarte por qué te has tomado tantas molestias, por qué le has dedicado tanto tiempo y por qué te parecía tan importante.

• …Si eres un principiante, permíteme el siguiente consejo: no bajes de dos versiones, una con la puerta del estudio cerrada y otra con la puerta abierta.

• Esta primera versión, la que se centra exclusivamente en la historia, debería escribirse sin la ayuda (ni intromisión) de nadie.

• El tiempo de descanso que le concedas al libro… depende exclusivamente de ti, pero considero que no debería bajar de seis semanas… Resiste a la tentación.
• Cuando haya llegado el día de la corrección (que puedes haber marcado en el calendario), saca el original del cajón. Si parece una reliquia comprada en unos encantes que ni recuerdas, si te parece algo rarísimo, es que estás preparado.
• Otra ventaja de haberte concedido seis semanas de recuperación es que te saltarán a la vista las lagunas más flagrantes de la trama o los personajes. No digo charcos, ¿eh? Me refiero a auténticas lagunas.


• Si todos tus lectores coinciden en que te ha salido bien, es probable que sea verdad. Son casos de unanimidad poco frecuentes, incluso entre amigos.


• Si todos los que leen tu libro dicen que falla algo, es que falla y conviene tomar medidas.

• Llamemos Lector Ideal a la persona para quien escribes. El Lector Ideal también es la mejor manera de calibrar si el relato posee el ritmo correcto, y si has introducido los precedentes de manera satisfactoria.

• En primavera de mi último curso en el instituto de Lisbon (o sea, en 1966) recibí un comentario manuscrito que cambió para siempre mi manera de enfocar las revisiones. Debajo de la firma del director, reproducida a máquina, figuraba a mano lo siguiente: «No es malo, pero está hinchado. Revisa la extensión. Fórmula: 2da versión = 1ra versión - 10%. Suerte.»

• «Oye, ¿tú escribes por dinero? La respuesta es que no, ni ahora ni nunca. Siempre he escrito porque me llenaba.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Mayday, Mayday... Necesito ayuda.


―Capitán, hemos perdido el motor izquierdo.
―Mierda―mascullo.
Ni siquiera tengo tiempo de mirar a mi copiloto. El avión se sacude como un caballo salvaje y tenemos que aferrarnos a los controles. Caemos en picado.
El cielo límpido de África es sustituido por una tierra roja y polvorienta, sin un matiz de verdura ni una mota de sombra.
Nos faltan manos para apretar botones. La siguiente sacudida pilla al chico desprevenido y se golpea con la cabeza en el panel de alarmas. No me entretengo en ver cómo se encuentra. Aprieto los dientes y trato de elevar el morro del Hércules, sin conseguirlo.
Después, la panza metálica chirría, los pitidos se hacen ensordecedores y el polvo nubla los cristales.
Hemos aterrizado.

Dos horas más tarde, a la sombra de una de las alas, observo el horizonte anaranjado mientras empino una petaca llena de ron. El chico sale renqueando y se desploma junto a mí. Tiene una buena brecha en la frente, tamizada por una costra oscura y reseca de sangre.
―¿Y ahora qué hacemos? ―me pregunta.
Le ofrezco la petaca.
―Coño, pues sacar la caja de herramientas y ponernos manos a la obra.


Bueno, amigos.
Llevo unas semanas dándole vueltas a una idea. Veréis, hace cosa de unos días, una prestigiosa editorial me pegó un buen puntapié en el todo el culo. Perdonad que no sea más fino, pero fue exactamente lo que hizo. Y lo hizo muy profesionalmente, sin tapujos y sin adverbios acabados en –mente, del tipo "lamentablemente". Vino a decirme que mi tercer manuscrito tenía serias carencias según su punto de vista: que no conseguía mantener el interés y que mi escritura no sobresalía.
Por supuesto fue un golpe difícil de asimilar. Algo así como si te encuentras en el cuadrilátero y la rubia de la tercera fila descruza las piernas embutidas en una minifalda de infarto. Lo más probable es que no resistas mirarla y que por eso recibas un buen gancho en el hígado y te quedes sin aire.
Hasta ahora había tenido rechazos cariñosos (que dicho sea de paso no sirven para nada porque son como si la chica que te vuelve loco te lleva a la esquina de la discoteca y te dice: “siempre seremos amigos”). Esta editorial, quizá por mi insistencia, quiso darme una cura de humildad y un buen manotazo del tipo “espanta moscas”.
A esto se junta la opinión de una estimada amiga que ha leído las primeras páginas de mi último manuscrito y que no termina de convencerle mi estilo. Es duro de asimilar, claro que lo es. "Pero, chico", me digo, "no es el fin del mundo".
La corrección de mi último manuscrito me está dando serios quebraderos de cabeza y creo que ahora sé por qué. En los últimos meses he ido comprando de forma inconsciente algunos libros de autores “clásicos” que aún no he tenido tiempo de leer. Me parece que con esta corrección he llegado al límite mismo de mis actuales capacidades como escritor. No hay nada que frustre más que encontrar una y otra vez los mismos recursos, las mismas redundancias, las mismas expresiones. Eso no dice bien a favor de mi estilo, por supuesto. Es hora de dar un salto cualitativo y esto enlaza con mi anterior entrada titulada “alegato de un escritor novel”.
Siempre he sido un lector ecléctico, pero creo que es hora de dar un pequeño salto cualitativo y bucear entre los “grandes”. Tengo serias lagunas que debo solventar para poder ser un buen escritor, bueno de verdad. Básicamente necesito conocer dónde está el listón.
Evidentemente no me convertiré en un escritor divino, porque para eso debes nacer con unas cualidades especiales, pero si lucho y trabajo puedo llegar a ser bueno.
He estado releyendo el libro “Mientras escribo” de S. King y he encontrado esta curiosa clasificación:

Los escritores se ordenan siguiendo la misma pirámide que se aprecia en todas las áreas del talento y la creatividad humanos.
Los malos están en la base. Encima hay otro grupo, ligeramente más reducido pero abundante y acogedor: son los escritores aceptables, que también pueden estar en la plantilla del periódico local, en las estanterías de la librería del pueblo o en las lecturas poéticas a micrófono abierto. Es gente que ha llegado a entender que una cosa es que esté indignada una lesbiana y otra que sus pechos sean eso, pechos.
El tercer nivel es mucho más pequeño. Se trata de los escritores buenos de verdad. Encima (de ellos, de casi todos nosotros) están los Shakespeare, Faulkner, Yeats, Shaw y Eudora Welty: genios, accidentes divinos, personajes con un don que no podemos entender, y ya no digamos alcanzar.

Así que volviendo a los libros que he recopilado en estos meses os pongo la relación de los que tengo y os pido vuestra ayuda para completar una relación de buenas novelas de las que aprender:

-Madame Bovary , de Gustave Flaubert.
-Crimen y castigo, de Fiodor M. Dostoievski.
-Por quién doblan las campanas, de E. Hemingway.
-Adiós a las armas, de E. Hemingway.
-Las nieves del Kilimanjaro, de E. Hemingway.
-La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig.
-El extranjero, de Albert Camus.
-Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne.
-A sangre fría, de Truman Capote.
-El gran Gatsby, de F.Scott Firzgerald.
-Cuentos imprescindibles, de Anton Chéjov.
-Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift.
-El hombre invisible, de H.G. Wells.
-La montaña mágica, de Thomas Mann.
-Trópico de Cáncer, de Henry Miller.
-Grandes esperanzas, de Charles Dickens.
-El halcón maltés, de D. Hammett.
-Crónicas marcianas, de Ray Bradbury.
-Rayuela, de Julio Cortázar.
-El monje, de M.G. Lewis.
-La cartuja de Parma, de Stendhal.
-Guerra y paz, de L. Tolstói.
-El corazón de las tinieblas, de Conrad.

Como podéis ver es una selección bastante variada (y tal vez nada razonable). Además faltan muchos autores como Poe, Lovecraft, Kafka, Borges, Stevenson, Galdós… y sobre todo autores en lengua castellana (muchos los leí en mi adolescencia, pero me gustaría que me aconsejarais de todas formas).
Así que espero vuestra ayuda (podéis repetir obras de un mismo autor si lo deseáis): ¡¡¡Muchas gracias!!!

miércoles, 18 de noviembre de 2009

2012, piratería invertida.


Al ver una peli como 2012 uno puede hacerse una idea bastante clara de cómo anda el panorama creativo. No seré yo el hipócrita que os diga que no vayáis a verla, por mucho que me entraran ganas de echar la pota a la media hora de proyección. Es más, a todos aquellos que os guste escribir, o crear, o lo que sea, os recomendaría que la vierais encarecidamente.

Hacer una crítica de esta peli, sería en sí mismo como condensar todos los tópicos de las críticas que pueden hacerse de una peli mala. A decir verdad, el film se comporta como un recipiente sobre el que vertemos los ingredientes para hacer un batido, esto es: efectos especiales a mogollón, cataclismos, cierto intento de tensión emocional entre personajes, algunos actores medio decentes o con caras conocidas, protagonistas de todas las edades, paisajes emblemáticos como fotos de postal, y todo tipo de ideas copiadas hasta la saciedad de los últimos treinta años de cine de entretenimiento catastrofista: un poquito de Aeropuerto 79, Terremoto, El coloso en llamas, El submarino, Independence Day… Ah, y para mezclar bien no se echa agua, basta con añadir dinero por un tubo y remover a ver qué leches sale. ¡¡Mambo!!

Bueno, lo que demuestra esta peli de “fórmulas” es que el cine de entretenimiento se ha ido al carajo, y perdonadme el lenguaje. De niño recuerdo estupendas películas que eran puro espectáculo: Robin Hood, King Kong, Tarzán, El imperio Contraataca, San Francisco… Jolines, ahora los estudios de cine, los guionistas, los productores, los directores, los actores… se han empeñado en bajar tanto el listón que me pregunto, y es en serio, si de verdad nos toman por tontos. No se puede hacer peor con tantos medios: escenas de acción que parecen un videojuego de la play, diálogos absurdos, personajes que tienen menos expresividad que un muñeco de trapo, buff… ¡¡Dan ganas de llorar!!
Lo malo es que cuando uno mira los escaparates de las librerías o se pasea entre baldas repletas de novedades –y salto ahora al sector literario- se da cuenta de que el leit motiv que inspira al mercado editorial es el mismo: Ctrl+C & Ctrl+V, Copy-paste, o dicho en cristiano: copiad y pegad fórmulas que ya funcionan y mientras éstos traguen (sí, refiriéndose a nosotros), pues adelante, que lo demás no importa.
Pero sí importa.
Importa un huevo.

P.D. Eso también se llama piratería. Por lo menos yo siento que me han robado.