sábado, 17 de abril de 2010

Amores inciertos, de Xavier Borrell.


Siguiendo con el camino trazado en anteriores entradas, os presento la ópera prima, recién salida de impreta, de un compañero escritor: Ámores inciertos, de Xavier Borrell (perteneciente a la cada vez más exitosa Generación del XXI).
Conozco "virtualmente" a Xavi porque, entre otras cosas, fue él quien me ofreció colaborar en la página Llegir en cas d´incendi, donde, como sabéis, he escrito ya algunas reseñas (la última: Desaparecida, de Harlan Coben).
A continuación os presento los principales datos del libro, que he extraído del blog de Xavier.

"Amores Inciertos" ha sido publicada por la editorial Letras Difusión, y tiene una magnífica portada, obra de Aurora Cano, que simboliza el poder oculto de la mujer, la verdadera protagonista de la novela.
Manel Haro, codirector de la web Llegir en cas d´incendi y del programa de radio del mismo nombre, ha colaborado con Xavier en la corrección de la novela (Manel es Licenciado en Filología Hispánica) y ha escrito un prólogo que, por lo que adelantó el propio Xavier, no dejará indiferente a nadie.
La editorial Letras Difusión, especialista en el mundo de los libros económicos y jurídicos (con incursiones en temas de ficción), ha realizado un excelente diseño y maquetación del libro.

Sinopsis de “Amores inciertos”.

En un pueblo de la provincia de Granada donde vivió su infancia Federico García Lorca, un joven heredero terrateniente tiene su vida perfectamente establecida tanto sentimental, como económicamente, sin más estímulos que bailar flamenco e investigar la vida y obras del poeta.
Un día cruza con una gitana vidente en las puertas de la catedral, siendo absorbido por sus predicciones, a pesar de tan solo haberla prestado atención por vergüenza de parecer estúpido a la vista de su amigo de toda la vida.
Debido a su afición a ir a bailar a las cuevas de Sacromonte e intentar ligar con las turistas asiduas que se pierden por su cuerpo de torero, da con una bella inmigrante dominicana de la que se enamora perdidamente, haciéndole temblar los cimientos de su amueblada cabeza.
Otro día quedan para salir, ella le confiesa que no tiene papeles, que se tendrá que volver si no encuentra algo. Pedro le propone darle trabajo y seguir con su relación, pasando así a ser los más felices del universo haciendo el amor a ojos de la Alhambra.
María, la chica que estaba predestinada a casarse con él se deprime al enterarse de todo y decide encerrarse en sus estudios, pese a todos los comentarios que le hacen la gente de alrededor de Fran, cree que tras sus escarceos amorosos volverá al redil.
Entre tanto en el relato se cuentan anécdotas de García Lorca y su vida en aquel pueblo rival de Fuentevaqueros, lugar de nacimiento y adoración oficial de sus fans, como su relación con los pobres del pueblo o la casa de Bernarda Alba auténtica.
Un día mientras Pedro y su amigo ayudante Salman están arando en el campo, la dominicana lo llama al móvil con urgencias desde Barajas, le dice que se vuelve a su país sin darle más explicaciones, dejándole destrozado.
Este decide ir a buscarla al otro lado del charco, se llevará con él a su fiel amigo Salman, un magrebí que le ha ayudado toda su vida y que es como un padre para Fran, aunque no sabe como encajará su vida de adoración a Mahoma en un mundo caribeño lleno de libertades, pero su devoción por su jefe-amigo le decidirá a emprender viaje junto a él.

DATOS DEL AUTOR:

Xavier Borrell

Nacido en 1971, Xavier ha estado rodeado de libros toda su vida a causa de la afición de sus padres a la literatura, a la música y el cine. Co-dirige un programa y un blog de literatura en Radio Cornellà y Radio Tiana llamado 'Llegir en cas d"incendi', además de ser el coordinador de literatura del diario digital www.elcampdeturia.com, donde publica entrevistas y críticas literarias. Actualmente, Xavier ultima su segunda novela, con el título provisional de 'Libros aclaradores'. Todo ello compaginado con el trabajo en una empresa de ingeniería de la construcción, que intenta sobreponerse a la crisis.
Podéis seguir sus críticas y aventuras en este blog:
http://relatan.blogspot.com/
Otro enlace donde participa:
http://www.llegirencasdincendi.com/
¡Mucha suerte, Xavier!
¡Que firmes muchos libros en Sant Jordi!

sábado, 10 de abril de 2010

El territorio de lo que sentimos


Hoy quisiera compartir con vosotros una noticia que me ha hecho especial ilusión: El alma impresa se encuentra dentro del Top Ten de blogs de literatura, según el ranking Wikio.

La verdad es que lleva algunos meses dentro de él, y en concreto, en este mes de abril, se halla en el puesto 47. Quizá no resulte algo muy espectacular, pero siendo un blog joven, creo que tiene un mérito cuando menos gratificante, por lo menos para mí, que soy el papi. Por eso quisiera agradeceros vuestros comentarios, vuestras visitas, vuestro apoyo en definitiva, por ser tan grata compañía en este, mi peregrinaje literario y existencial.

Y, enlazando con esta breve entrada y con la anterior, quisiera hacer algo a lo que no suelo estar muy acostumbrado: publicar el artículo de otro escritor. Pero, preparando la información para la tertulia de este sábado me topé con un artículo que quisiera compartir con todos aquellos que no la hayais leído. Una auténtica maravilla, que renueva las ganas de dedicarse a esto de la literatura. Que lo disfrutéis.

El territorio de lo que somos, por Jose María Merino.
Publicado el 13 de diciembre de 2008, en ABC.

Cuando era niño, fascinado por las aventuras de los personajes de las novelas que leía, creía que lo sustantivo de la literatura se hallaba en los azarosos riesgos y en las recurrentes sorpresas de las tramas, de los argumentos. En aquellas lecturas fervorosas, las acciones de los intrépidos protagonistas que, a pesar de tantos y tan continuos peligros, llevaban a cabo sus propósitos, eran para mí el motivo principal de mi compenetración con ellos. El paso de los años me fue descubriendo cualidades literarias menos evidentes que mi poca edad no me había permitido vislumbrar antes, y profundicé en aspectos que entonces no pude siquiera imaginarme, aunque ya los cuentos populares escuchados y leídos me habían advertido de lo que era la sustancia de la ficción, por encima de las peripecias y más allá de que transcurriesen en espacios maravillosos o exóticos: un testimonio peculiar del modo de ser de la gente, de su manera de actuar, un panorama completo, minucioso, de las extrañas, diversas, innumerables, formas del comportamiento humano.
Maneras de sentir. Conforme me iba haciendo mayor fui teniendo cada vez más relación con los habitantes de la realidad, y muy a menudo me desconcertaban determinadas actitudes en los demás o en mí mismo, porque no era capaz de desentrañar de modo cabal su significado. Para mí era evidente que, frente a la opacidad de lo real que me rodeaba, a lo inescrutable o contradictorio de muchas conductas, el mundo de la literatura era diáfano, claro, y los personajes de las novelas me permitían entrar sin restricciones ni dificultades en su interior.
Así fue cómo, para empezar, descubrí que las páginas de las novelas que yo iba pasando, absorto en su lectura, eran puertas sucesivas que me daban entrada a un país único, incomparable, el territorio donde se mostraban con claridad todas las posibles maneras de ser y de sentir, con sus ambigüedades y matices: la lealtad y la traición, el heroísmo y la cobardía, la avaricia y la generosidad, el amor y el odio, la atracción y la repulsa, lo piadoso y lo cruel. De ese modo conocí la nostalgia de Heidi, la osadía de Jim Hawkins y de D?Artagnan, la lealtad de Gabriel Araceli y de Miguel Strogoff, la doblez de John Silver y de Uriah Heep, el afán científico y justiciero del capitán Nemo, la potencia imaginativa de Tom Sawyer y de Guillermo Brown, la perspicacia de Sherlock Holmes, la caballerosidad de Phileas Fogg, la melancolía de Mowgli.
Sutiles enlaces. Con el correr del tiempo, fui ya del todo consciente de que nunca podría entrar en los secretos del comportarse de los seres de carne y hueso, como yo mismo y quienes me rodean, con la diafanidad con que lo hago en los de la literatura: desde el colérico Aquiles hasta el desconcertado Gregorio Samsa, madame Bovary, Ana Karenina, Raskolnikov, doña Berta de Rondaliego, «Bola de Sebo», los Snopes, Hans Castorp, Francisco Torquemada, Segismundo, Oblómov, Humbert Humbert, Molly Bloom, Charles Bingley, Hamlet, un tal Hans Pfaall y tantos otros más, me han enseñado a conocer bastante a los seres humanos de la realidad y un poco mejor a mí mismo. Burla burlando, en un momento de El rojo y el negro, para explicar la confusión de madame de Rênal ante la persistencia del joven Julian Sorel en sus requerimientos amorosos, Stendhal cuenta: «Como madame de Rênal no leía novelas, no sabía lo que le estaba sucediendo?».
Además, la progresión, la abundancia y la riqueza de las lecturas me permitió saber que sutiles enlaces comunican a casi todas ellas, para ordenarlas en mundos característicos: comprendí que la búsqueda del tesoro que intenta La Hispaniola evoca aquella del vellocino de oro que emprendieron Jasón y sus argonautas, y la del Grial de los caballeros artúricos, como la aventura de Huck Finn intentando liberar a su compañero y ayudante, el esclavo Jim, o el ingenio de Kim para la supervivencia propia y del Lama a quien acompaña en busca del Río de la Flecha, no dejan de reproducir ciertas actitudes del ingenioso hidalgo y caballero don Quijote de la Mancha, ayudado por Sancho Panza en su lucha contra los hechiceros y las injusticias, del mismo modo que el mono Hanuman ayudó a Rama en su empresa de rescatar a Sita del poder de los demonios, y también cómo el esfuerzo perseverante de Robinson Crusoe para construir en la isla virginal de su naufragio un lugar de civilización, reproduce todos los mitos originarios sobre la creación del mundo desde la nada. Y muy a menudo, en las narraciones que releo o leo por primera vez, reconozco, disfrazado por el cambio de época, el eco de alguno de los episodios que vivió aquel varón de multiforme ingenio llamado Odiseo, a quien resultó tan complicado regresar a su casa.
El tiempo de la vida. Debo añadir algo que ahora también sé: esas puertas pequeñas, flexibles, de las novelas y de los libros de cuentos, no sólo me han permitido entrar en la médula de las conductas humanas, sino comprender en su verdadera atmósfera material y moral los ámbitos físicos donde vamos cumpliendo nuestro misterioso destino, desde las comarcas, aldeas y megalópolis que evocan las reales, hasta otras poblaciones y lugares solo construidos con materiales fabulosos. Y en todos ellos he percibido transcurrir el tiempo de la vida, el de la dicha y el del dolor, el de las esperanzas y el de las desilusiones, con una perspectiva y una lucidez que no me permite el fluir vertiginoso del tiempo de mi particular realidad.
Muchos creen, todavía en la falacia aristotélica, que sólo en la Historia está el archivo seguro de nuestras circunstancias, pero el más certero registro de lo que caracteriza a la especie humana, donde verdaderamente se encuentra la historia de nuestro corazón a lo largo de los milenios, es en la literatura, constituida desde la capacidad simbólica que nos identifica. Leer nos da acceso al gran espacio de la imaginación reveladora: el país de lo que somos, el territorio de lo que sentimos.

jueves, 1 de abril de 2010

Horas bajas

Hoy hemos ido a ver a un amigo de mi padre al que apreciamos mucho y consideramos como de la familia. Tras ponernos al día, hemos conversado sobre todo tipo de cosas, y ya casi al final de la visita, sin saber exactamente cómo, ha salido a la luz lo de mi afición por la escritura. De hecho ha sido mi padre el que ha sacado el tema. Su amigo, que tiene una formidable preparación cultural, ha comenzado a hablar de libros actuales que yo no he leído; y cuando he comentado mis inquietudes literarias, las cosas que hago y que llevo en marcha, me he sentido pequeñito, casi insignificante. He comprendido que estoy muy alejado del arquetipo de escritor actual, por lo menos, el tipo de escritor español, o eso creo.
Siempre me he sentido una persona distinta, que nunca ha terminado de encajar en ningún sitio. Gracias a mis padres he recibido una enseñanza muy completa, pero en mi caso, debido a mi tipo de memoria, soy olvidadizo. Como estudiante me costó mucho esfuerzo y trabajo conseguir buenas notas, y pronto, me di cuenta de que cuando memorizaba algo no tardaba en olvidarlo. De hecho, mi tendencia me llevaba hacia las letras, pero, paralelamente, tampoco se me daban mal las ciencias. Digamos que siempre he caminado por un sendero no delimitado, sutil, que me ha causado problemas a la hora de tomar una decisión, y que, simultáneamente, no me deja ser todo lo bueno que mi nivel de autoexigencia me dice que debo ser en lo que emprendo.
Como os decía, esa conversación con este hombre, me ha hecho pensar qué tipo de escritor voy a ser. He comprendido que en España, la literatura va muy ligada al género histórico porque cuando se habla de literatura, se establece una relación indisoluble con lo que denominamos “cultura”. Y la asociación de cultura con historia es tan fuerte, que parece inevitable que una persona definida como muy culta es aquella que conoce perfectamente qué reyes manejaron los destinos de España en el siglo XVI, o en qué fecha tuvo lugar la batalla de Lepanto.
Pues bien, yo no soy así. Posiblemente, un día supe esas fechas, supe los nombres de esos reyes, pero ya los olvidé. Admiro a los escritores que trabajan el género histórico, pero lo que me atrae de una novela son los personajes, su profundidad y la propia historia que se cuenta. ¿Soy raro por ello?
Creo que hace tiempo leí a un escritor que decía que, en contra de lo que se piensa, es más difícil escribir sobre el presente que sobre hechos que ocurrieron hace siglos. Lo segundo, puede ser cuestionable por los historiadores y eruditos, pero lo primero (escribir sobre hechos que discurren en la actualidad) es más complicado por cuanto los lectores tienen formas con las que compararte, sensaciones con las que medir si eres honesto. Un lector actual no sabe exactamente cómo hablaba un caballero del siglo XVII, pero sí cómo habla un dependiente de un supermercado. El género histórico, aunque parezca mentira, ofrece más posibilidades de engaño, y requiere ser menos bueno en ciertos aspectos. Por contra, requiere una documentación exhaustiva, para establecer una estructura, y la historia que quieres contar, si pertenece a un momento concreto, debe encajar en él de una forma que obliga a una preparación previa, contraria, en principio, a mi forma de escribir. La fluidez narrativa de la que os he hablado en otras ocasiones, con la que choco frontalmente (lo he descubierto en los últimos tiempos) con otros autores y lectores, exige una idea de la que brota el resto de la obra, y que no puede ser dirigida, conducida, e impuesta por unos hechos que sucedieron de antemano. Trasladado a la filosofía china, y a las artes marciales (creo que comenté que mi segunda novela va sobre ellas), no se puede prever el resultado de un combate porque es algo que está vivo. Puedes adquirir técnica, establecer pautas, aprender comportamientos, pero luego, en el momento clave, tu naturaleza ha de seguir su curso. Lo duro, lo inflexible, no puede “fluir”. Trasladando esto a la novela, a la literatura, creo que un camino prefijado, una trama impuesta, perfectamente definida, rígida, será algo preparado. Podrá parecer bueno, pero sólo hasta cierto punto.
Yo no soy una persona culta, pero cuando leo, cuando leo de verdad, trato de dejarme ir por las sensaciones que me transmite el autor. Por eso, pienso, y perdonadme que pueda parecer vanidoso, que la gente se sorprende con mis reseñas. No soy un crítico objetivo, porque tampoco soy un escritor objetivo.
Sólo espero que, algún día, un editor o un agente, sepa apreciar esa verdad que vive en mis personajes, a los que pude fallar en la técnica, pero a los que doté con la libertad de ser ellos mismos, sin ataduras, sin marcos, ni puertas, ni alambradas.
Y, aunque estoy en horas bajas, acosado por mis limitaciones, por mi falta de preparación, por todo aquello que me queda por leer y aprender, siento que, al menos, fui honesto con ellos. Y los amé de verdad.

lunes, 29 de marzo de 2010

Maribel Romero: nuestra Ganadora.


Creo que éramos muchos los que estaban con el alma en vilo por ver si el milagro podía realizarse: nuestra amiga, la escritora Maribel Romero, se había metido en la final del premio Azorín de novela, 2010. Nada más ni nada menos.
Para los que no estén enterados de cómo se desarrollaron finalmente los acontecimientos, les remito a la excelente entrada publicada por ella misma en su blog, escrita con un temple y un estilo que ya quisieran muchos:

Le he estado dando vueltas a la forma de enfocar esta noticia. Asiduo lector como soy de Pérez-Reverte en el XLSemanal, quizá esté impregnado por esa lucidez con la que mi paisano cartagenero describe tan bien lo pérfida y barriobajera que puede llegar a ser esta España nuestra.
Por tanto, habría muchas cosas que podrían decirse de esa final “in extremis”, en un premio de prestigio (con sesenta y ocho mil euros de por medio), donde una desconocida se mide a una escritora consagrada. A estas alturas de la vida, y con lo que uno ha visto, leído y escuchado, me van a permitir que me crea que eso del pseudónimo, en un premio de este calado, es tan buen disfraz como las gafas de Clark Kent.
No voy a decir nada que no se sepa, ni a insistir mucho en el asunto, por cuanto creo que podría hacerle un flaco favor a Maribel, pero bastan sólo dos apuntes para tomar conciencia de cómo era imposible otro final diferente:
Primero, la ganadora, doña Begoña Aranguren, es una escritora que está en la cartera de la Editorial Planeta (coorganizadora del evento, junto con la Diputación Provincial de Alicante).
Segundo, y para más enjundia de lo poco que se cuidan las maneras en este país, nada más desvelarse el nombre de la triunfadora, se anunció que su novela estaría disponible en las librerías españolas el 13 de abril, con otro nombre distinto: “El amor del rey”.
Los que estén familiarizados un poco con el sector editorial, saben que no es posible coger un manuscrito y tenerlo en la calle en tres semanas, con la Semana Santa de por medio, a no ser que ya se tuvieran preparadas las galeradas antes.

Dicho esto, sólo me queda comentar lo grande que eres, Maribel.
Que tu obra, El peso de las horas, tiene que ser una verdadera delicia para haber hecho “titubear” a ese jurado.
Y, no puedo cerrar esta entrada sin decirle al mundo que me joroba, y mucho, que no te llevaran a esa sala de prensa, que no tuvieran un gesto amistoso contigo, que no te mimaran, que no te fotografiaran, y que la ganadora y la editorial no se dignaran a mencionarte.
Pero quiero creer que todavía están a tiempo de hacerlo, y que pronto, muy pronto, tendrás muchas ofertas para publicar como te mereces, para que nosotros, los que te admiran, podamos leerte en rústica. Qué menos.
Un abrazo.
Sergio G.Ros
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Maribel Romero Soler

Escritora nacida en Elche (Alicante). Licenciada en Derecho, experta en Derecho de Autor y Propiedad Intelectual, Diplomada en Redacción y Estilo, en Novela Negra y en Formación de Lectores. Es miembro del jurado del certamen internacional de relato breve “La lectora impaciente”. Ha obtenido diversos reconocimientos en concursos literarios y tiene obras publicadas en más de veinte antologías. Es autora del libro divulgativo “Doscientas cuestiones de derecho que todo el mundo quiere saber” (Quiasmo editorial, Madrid, 2009), y coautora del libro de relatos EL PINTALABIOS (Visión Libros, Madrid, 2009).
Actualidad:
Maribel ha quedado finalista de El premio Azorín de novela 2010, en segunda posición, con su novela “El peso de las horas”.

También está en plena campaña de promoción de El PINTALABIOS, y en breve, participará en unas jornadas de lectura para invidentes, invitadas por la ONCE.
Este año la editorial EDITAMER publicará su primera novela infantil titulada “UN MISTERIO TRAS LAS PUERTAS “, que posiblemente verá la luz para la primavera o verano.
Se encuentra escribiendo una novela juvenil, y cuando finalice el plazo de los certámenes LA LECTORA IMPACIENTE comenzará su labor de lectura y selección de obras como jurado en la modalidad de relato breve.
Su blog, donde podréis aprender los entresijos de concursos y obtendréis jugosos consejos literarios, además de conocer relatos de la propia autora:
http://ocurrienfebrero.blogspot.com/

domingo, 21 de marzo de 2010

Libros que existen

El fin de semana pasado decidí plantarle cara a una tarea doméstica que llevaba posponiendo algún tiempo: la limpieza del despacho de nuestra casa, una limpieza a fondo, se entiende.
El principal problema con el que había de enfrentarme era el sin fin de objetos que pueblan esta habitación: libros, cómics, apuntes, enciclopedias, carpetas…. En definitiva, algo que no puede juzgarse a la ligera. Así que la tarde del sábado tomé dos bayetas, espray limpia superficies, cubo, escoba y recogedor, fregona y bolsas de basura, e hice un primer contacto, apenas un escarceo; la batalla, una ardua batalla, comenzaría el domingo bien temprano, prolongándose durante todo el día.
Llegados a este punto os preguntaréis qué tiene que ver todo esto con las peripecias literarias a las que os tengo acostumbrados. Debo confesaros que me apetecía compartir una reflexión casi existencial que me asaltó a partir de una actividad puramente física. Y es que la limpieza del despacho me obligó a manipular cada novela, cada diccionario, cada fascículo… individualmente. Ya sabéis: cogerlo, limpiarlo, apilarlo en otro lugar hasta vaciar toda la balda, limpiar esa misma balda, repitiendo la operación con las contiguas; y, después, volver a coger el libro y apilarlo, tal vez, en otro sitio, con otros compañeros, en un orden concreto: ese que quieras asignarle, el que te guste más o el espacio del que dispongas te permita.
La reflexión existencial es ésa: tuve que hacerlo libro a libro.
Uno a uno.
Cada ejemplar, en sí mismo, era algo real, tangible, con su color, su aroma, su peso. Y, en cada uno de ellos, había pequeños retazos de sentimientos añorados, de ilusiones perdidas. Algunos me trajeron el recuerdo de las personas que me los regalaron, otros, evocaron el día en que empecé a leerlos, o cuando los compré.
Mi reflexión es pues muy sencilla. Entiendo que la tecnología hará que, quizá, desaparezcan los libros en papel. Tendremos readers fabulosos, que permitirán acopiar cientos, miles de libros, y enclaustrarlos bajo una delgadísima pantalla digital, pero digan lo que digan, no será lo mismo.
Claro que no lo será.
Para empezar ya no podré limpiarlos, tocarlos, olerlos uno a uno, sintiendo su peso, y el gozo y el cansancio del trabajo bien hecho.
Y ya no podré mirarlos, de frente, a todos juntos, apilados en las estanterías de mi casa, con una sonrisa en los labios.
Sergio G.Ros

P.D. Ya está colgada mi segunda reseña en Llegir en cas d´incendi. Se trata de “Septiembre Zombie”, de David Moody. Creo que la reseña es bastante interesante por cuanto es un libro que os podéis encontrar ahora mismo en las librerías. De cualquier manera os agradezco mucho los comentarios que dejéis en la página de Llegir, al igual que hicisteis la vez pasada.

viernes, 12 de marzo de 2010

Popurrí de noticias

Como os decía en la anterior entrada, he empezado a colaborar con una página de reseñas bastante conocida: se trata de Llegir en cas d'incendi. Fue el amigo Xavier Borrell el que me lo propuso y de momento estoy contento porque es una experiencia nueva en la medida en que escribir reseñas para otros me produce una sensación cuando menos extraña. Si queréis echarle un vistazo a mi primera colaboración os dejo el enlace: reseña de Cadáveres, de Norbert Horst.
En otro orden de cosas, la semana pasada recibí una agradable sorpresa: Daniel de Cordova tuvo la amabilidad de regalarme un ejemplar dedicado de su obra “La estrella de David”, una novela corta centrada en la fuerza de la amistad en medio de la barbarie nazi. ¡Gracias, Daniel! La edición es una pequeña maravilla.
Por si os interesa, el siguiente libro que vamos a comentar en la tertulia “El escarabajo palabrero” (para abril) será “El gran Gatsby” de Francis Scott Fitzgerald. Creo que mi objetivo para este año de leer a grandes de la literatura está yendo por buen camino. Lo que me deja perplejo es comprobar la escasa calidad literaria en algunas novelas actuales y que, para colmo, consiguen increíbles cifras de ventas o han sido ampliamente premiadas. Por otro lado, pienso que el alternar en mis lecturas a grandes escritores (estoy leyendo también otros libros aparte de los de la tertulia y los de las reseñas) me está volviendo más riguroso y espero que sea bueno para mi formación literaria.
Lo que sí es cierto es que me he topado con un escollo: acuciado como estoy por la falta de tiempo, no puedo escribir. Sin embargo, me he marcado la meta de empezar con mi nueva novela a principios de julio, cuando termine de coordinar la tertulia literaria. Sé que para aprender a escribir es necesario escribir, pero de momento sólo puedo dedicarme a las reseñas y a relatos breves con los que saciar la “sed”. Para alguien que no vive de la literatura hay otras prioridades, la primera, claro está, la familia.
¡Ah!, ¡antes de que se me olvide! Lo que quería deciros en la entrada: realmente me estoy dando cuenta de que es crucial plantearse qué tipo de escritor se quiere ser. Cada vez estoy más decidido a ser un buen escritor. Uno puede plantearse publicar a toda costa, hacer “literatura comercial”, lo cual es muy respetable. Pero definitivamente esa no va a ser mi actitud. Ya os dije que soy una persona bastante terca, y quizá eso me cueste que no consiga publicar, por lo menos a corto plazo (sé que puede sonar presuntuoso o contradictorio). Lo cierto, es que mi nuevo manuscrito empieza a cobrarse los primeros rechazos, no en la fase de lectura, si no en la de propuesta. Hay poquísimos interesados, pero sobre todo lo que abunda es el silencio y la indiferencia. En España, por desgracia, hay muy pocas agencias literarias, y además en mi caso (y en el de muchos), si no me leen, es casi imposible publicar por esa vía.
Cambiando de tercio, quisiera señalar otras noticias (que me han llamado la atención).
Una es de Marta Querol, nuestra querida Malube, que ha conseguido que reediten su excelente novela “El final del Ave Fénix” en la editorial Aladena. Os invito a visitar su página web recientemente estrenada.
Otra, es la de un joven escritor del que ya os hablé hace tiempo, Juan Jesús Hernández, autor de la novela fantástica “La ira del Dios oscuro”, cuya segunda obra ha sido también escogida por la editorial Eldalie para ser publicada. Poco a poco va labrándose un gran camino. Os dejo un enlace donde podéis ver su puesta de largo ante el público.

Y por último, la noticia de Blas Malo Poyatos, compañero y amigo de aventuras literarias con el que compartimos (al igual que con Marta y Juan Jesús) un rinconcito forero en Bibliotecas Virtuales, creado por Montse de Paz, que hicimos nuestro, y cuya novela “El esclavo de la AL-HAMRA” será publicada en breve por una gran editorial (cuya identidad de momento no ha desvelado el muy jodío). A Blas ya lo seguís muchos de vosotros en su excelente blog.
Bueno, hay más noticias, pero también habrá nuevas entradas, no quiero cansaros.
¡Saludos, amigos!

sábado, 6 de marzo de 2010

Desgracia, de J.M.Coetzee

Recién he vuelto de la tertulia literaria "El escarabajo Palabrero", y debo deciros que ha sido una experiencia muy grata, aunque tengo que trabajar eso de hablar en público, pero todo a su tiempo. La gente ha estado maravillosa, no hemos parado de hablar y me he sentido muy arropado. ¡Gracias a todos! Os dejo una foto, y a continuación la reseña que preparé sobre el libro que tocaba comentar: Desgracia, del premio nobel J.M. Coetzee.
Abrazos para todos.
P.D. La foto es por cortesía de la nueva y primera secretaria (je,je..) de El escarabajo: María N. Arteaga (la chica morena, vestida de negro, en la esquina izquierda de la foto):

RESEÑA DE DESGRACIA, de J.M. Coetzee
Por Sergio G.Ros

Desgracia de Coetzee es un libro inmenso. Fácil de leer, pero nada sencillo de interpretar, si es que existe la posibilidad de interpretar un libro.
La novela es un descenso a los infiernos: asoma al lector hacia un precipicio sin fin, sin fondo. Durante la narración acompañamos al profesor David Laurie en su caída en desgracia, su vergüenza, su deshonra. Un juego de acepciones en español a partir de la palabra inglesa Disgrace, que aparecen en el texto en distintas ocasiones:
“Te culpo a ti y la culpo a ella. Todo esto es una desgracia de principio a fin. Una desgracia y una vulgaridad.”, “Supongo que he caído en desgracia.”, “Demasiada vergüenza, se dirán el uno al otro: demasiada vergüenza para contarlo”, “El perro no se deja engatusar, es debido a su presencia: de él emana un olor erróneo (Saben qué está pensando cada uno, lo huelen), el olor de la vergüenza”, “Estoy siendo castigado por lo que sucedió entre su hija y yo. Estoy sumido en una desgracia de la que no será nada fácil que salga por mis propios medios”.

“Desgracia” es una novela dura. La declaración de intenciones de Coetzee comienza desde el primer párrafo: usa el tiempo presente, una apuesta arriesgada, sin duda, pues como lectores estamos acostumbrados al uso del pasado. El pasado es un tiempo más lírico, más hermoso para escribir. El presente en comparación parece seco, gris, frío, escurridizo: incomoda al lector. Coetzee lo utiliza con maestría, en tercera persona, alternando un narrador que entra y sale de la historia, que se distancia del profesor Laurie y que a veces se confunde con él. Jugando tal vez con el mismo concepto de Flaubert en Madame Bovary, obra que, por cierto, se menciona a menudo en la novela, y con la que podemos establecer ciertas conexiones. Así podríamos decir que Coetzee utiliza el estilo indirecto, fusionando la voz del narrador omnisciente con la de propio protagonista, de modo que el lector no sabe dónde empieza uno y acaba el otro:
Ejemplos de fusión:
Está bastante colado por ella. No es algo nuevo: prácticamente no deja pasar un trimestre sin enamorarse en mayor o menor medida de alguna de sus alumnas.
En fin, en eso no hay nada digno de mención. ¿Cuándo fue la última vez que murió una oveja por causa de la vejez?
Ejemplos donde asoma el narrador:
Lucy tiene un punto irritable, de un tiempo a esta parte, para el cual no encuentra él justificación alguna.
Lo más sensato sería callarse la boca, pero él no lo hace.

Además del uso del presente, Coetzee lanza un guante a la nueva narrativa. Su novela rompe dos reglas básicas de la escritura: nada más comenzar realiza descripciones detalladas de personajes y utiliza frases afirmativas, prácticamente sentencias que convierten al narrador en un dios que todo lo sabe.
Soraya es alta y esbelta; tiene el cabello largo y negro, los ojos oscuros, líquidos…
Ese es su temperamento. Su temperamento ya no va a cambiar: es demasiado viejo. Su temperamento ya está cuajado, es inamovible.

Otra conexión con Madame Bovary: el personaje principal de Coetzee, Laurie, no despierta nuestras simpatías: es soberbio, terco, obstinado, se presenta gris y anodino, un erudito viejo que vive una vida fría, y, que, sin embargo, recibe sacudidas de deseo incontrolable y cede a ellas. El deseo como perdición.
Y, entonces, ¿con estas armas cómo es posible que Coetzee consiga una obra extraordinaria?
En primer lugar, por sus reflexiones existenciales, tan profundas y reales como las que nos asaltan a todos los seres humanos en las situaciones más inverosímiles. Esa clase de pensamientos que aparecen en nuestra mente como estrellas fugaces y que pocas personas, muy pocas, pueden retener, y menos aún, expresar de viva voz. Coetzee se convierte en un recolector de pensamientos, esos que entroncan directamente con las cuestiones más profundas, que más nos atormentan, que sacuden nuestra alma y duelen.
Se siente viejo, irritado. Ella se conduce de mala manera, está saliéndose con la suya, es demasiado; está aprendiendo a explotarlo, y probablemente aún lo explotará mucho más. Pero si ella se ha salido con la suya, él se ha salido con mucho más; si ella se conduce de mala manera, él se ha portado mucho peor. Mientras estén juntos, si es que lo están, él es quien lleva la voz cantante, ella es quien lo sigue. Más vale que no se olvide de eso.
Otro de sus aciertos es ser capaz de extraer ese tipo de reflexiones a partir de hechos físicos, de movimientos, de gestos de los personajes. Como ocurre en nuestra propia realidad:
…Si no percibe un en ella un apetito sexual pleno es solamente porque todavía es joven. Hay un momento que sobresale en el recuerdo, el momento en que ella lo engancha con la pierna por detrás de las nalgas para atraerlo más cerca de sí: cuando el tendón interno de su muslo se tensa contra él, siente el ímpetu del deseo y el alborozo. Quién sabe, piensa: tal vez a pesar de todo haya un futuro.
Además, Coetzee es muy hábil usando los “tempos” de la novela: acorta la longitud de los párrafos e imprime velocidad en secuencias vitales, usa con gran fluidez los diálogos para describirnos (por sus acciones, por sus pensamientos) a los demás personajes, y otros ardides como por ejemplo el uso de los dos puntos (:) que unen oraciones entre sí y permiten llegar a conclusiones causa-efecto.
Ciudad del Cabo: una ciudad pródiga en belleza, en bellezas.
El vino, la música: un ritual al que suelen jugar los hombres y las mujeres, unos con otros.

África aparece como un personaje propio, omnipresente en la historia, y, los estertores del Aparheid son el catalizador de la misma. En cierta forma Desgracia se comporta como un proceso de ósmosis, donde los personajes pasan de un punto a otro, dejando cosas por el camino, cualidades, esperanzas, sueños. Nada es lo mismo cuando llegan al otro lado, es ahí donde los protagonistas se muestran como seres intermedios, imperfectos y ambivalentes que no muestran sus cartas ni desvelan del todo sus secretos. Todo está dicho a media voz, se sobreentiende o, simplemente, no se dice.
Y, Laurie, el viejo Laurie contempla lo que lo rodea como un dinosaurio del pasado que no puede o no sabe adaptarse a los cambios porque no los comprende, no los comparte.
La clave quizá de todo esté en dos párrafos del libro:
Vuelve a entrar en Ciudad del Cabo por la N2. Ha estado fuera algo menos de tres meses, aunque en este lapso los asentamientos de los chabolistas han tenido tiempo suficiente para saltar al otro lado de la autopista y extenderse hacia el este del aeropuerto. El flujo de los vehículos debe ralentizarse mientras un niño con un palo arrea a una vaca extraviada para alejarla de la calzada. Es inexorable, piensa: el campo va llegando a las puertas de la ciudad. Pronto habrá ganado paciendo otra vez por el parque de Rondebosch; pronto la historia habrá trazado un círculo completo.
Si los viejos montan a las jóvenes, ¿cuál es el futuro de la especie?....Suspira. Los jóvenes abrazados, inconscientes, atentos sólo a la música sensual. No es este un país para viejos.

Creo que esa es la lección que nos deja Desgracia de Coetzee: “los viejos tiempos” son sólo un recuerdo del pasado, la naturaleza sigue su curso de forma lenta e imparable, sin que nada ni nadie pueda detenerla.
Los seres humanos, inamovibles de pensamiento y acción, sólo pueden sobrevivir si aceptan esa realidad, si se mezclan con lo nuevo. Pero ese proceso tiene un alto precio: es sumamente doloroso, indignante porque socaba la dignidad y crea deshonra, vergüenza. No es, ni de lejos, una catarsis de luz y alegría al estilo occidental. Y los viejos, los que no pueden adaptarse a esa nueva realidad, tan sólo podrán aspirar a tener una muerte digna: a que alguien les administre una inyección letal mientras se los acaricia y se los calma, para después, encerrarlos en una bolsa de plástico y quemarlos en un horno industrial. Asegurándose de que estén bien muertos.