sábado 21 de noviembre de 2009

Mayday, Mayday... Necesito ayuda.


―Capitán, hemos perdido el motor izquierdo.
―Mierda―mascullo.
Ni siquiera tengo tiempo de mirar a mi copiloto. El avión se sacude como un caballo salvaje y tenemos que aferrarnos a los controles. Caemos en picado.
El cielo límpido de África es sustituido por una tierra roja y polvorienta, sin un matiz de verdura ni una mota de sombra.
Nos faltan manos para apretar botones. La siguiente sacudida pilla al chico desprevenido y se golpea con la cabeza en el panel de alarmas. No me entretengo en ver cómo se encuentra. Aprieto los dientes y trato de elevar el morro del Hércules, sin conseguirlo.
Después, la panza metálica chirría, los pitidos se hacen ensordecedores y el polvo nubla los cristales.
Hemos aterrizado.

Dos horas más tarde, a la sombra de una de las alas, observo el horizonte anaranjado mientras empino una petaca rellena Ron. El chico sale renqueando y se desploma junto a mí. Tiene una buena brecha en la frente, tamizada por una costra oscura y reseca de sangre.
―¿Y ahora qué hacemos? ―me pregunta.
Le ofrezco la petaca.
―Coño, pues sacar la caja de herramientas y ponernos manos a la obra.


Bueno, amigos.
Llevo unas semanas dándole vueltas a una idea. Veréis, hace cosa de unos días, una prestigiosa editorial me pegó un buen puntapié en el todo el culo. Perdonad que no sea más fino, pero fue exactamente lo que hizo. Y lo hizo muy profesionalmente, sin tapujos y sin adverbios acabados en –mente, del tipo "lamentablemente". Vino a decirme que mi tercer manuscrito tenía serias carencias según su punto de vista: que no conseguía mantener el interés y que mi escritura no sobresalía.
Por supuesto fue un golpe difícil de asimilar. Algo así como si te encuentras en el cuadrilátero y la rubia de la tercera fila descruza las piernas embutidas en una minifalda de infarto. Lo más probable es que no resistas mirarla y que por eso recibas un buen gancho en el hígado y te quedes sin aire.
Hasta ahora había tenido rechazos cariñosos (que dicho sea de paso no sirven para nada porque son como si la chica que te vuelve loco te lleva a la esquina de la discoteca y te dice: “siempre seremos amigos”). Esta editorial, quizá por mi insistencia, quiso darme una cura de humildad y un buen manotazo del tipo “espanta moscas”.
A esto se junta la opinión de una estimada amiga que ha leído las primeras páginas de mi último manuscrito y que no termina de convencerle mi estilo. Es duro de asimilar, claro que lo es. "Pero, chico", me digo, "no es el fin del mundo".
La corrección de mi último manuscrito me está dando serios quebraderos de cabeza y creo que ahora sé por qué. En los últimos meses he ido comprando de forma inconsciente algunos libros de autores “clásicos” que aún no he tenido tiempo de leer. Me parece que con esta corrección he llegado al límite mismo de mis actuales capacidades como escritor. No hay nada que frustre más que encontrar una y otra vez los mismos recursos, las mismas redundancias, las mismas expresiones. Eso no dice bien a favor de mi estilo, por supuesto. Es hora de dar un salto cualitativo y esto enlaza con mi anterior entrada titulada “alegato de un escritor novel”.
Siempre he sido un lector ecléctico, pero creo que es hora de dar un pequeño salto cualitativo y bucear entre los “grandes”. Tengo serias lagunas que debo solventar para poder ser un buen escritor, bueno de verdad. Básicamente necesito conocer dónde está el listón.
Evidentemente no me convertiré en un escritor divino, porque para eso debes nacer con unas cualidades especiales, pero si lucho y trabajo puedo llegar a ser bueno.
He estado releyendo el libro “Mientras escribo” de S. King y he encontrado esta curiosa clasificación:

Los escritores se ordenan siguiendo la misma pirámide que se aprecia en todas las áreas del talento y la creatividad humanos.
Los malos están en la base. Encima hay otro grupo, ligeramente más reducido pero abundante y acogedor: son los escritores aceptables, que también pueden estar en la plantilla del periódico local, en las estanterías de la librería del pueblo o en las lecturas poéticas a micrófono abierto. Es gente que ha llegado a entender que una cosa es que esté indignada una lesbiana y otra que sus pechos sean eso, pechos.
El tercer nivel es mucho más pequeño. Se trata de los escritores buenos de verdad. Encima (de ellos, de casi todos nosotros) están los Shakespeare, Faulkner, Yeats, Shaw y Eudora Welty: genios, accidentes divinos, personajes con un don que no podemos entender, y ya no digamos alcanzar.

Así que volviendo a los libros que he recopilado en estos meses os pongo la relación de los que tengo y os pido vuestra ayuda para completar una relación de buenas novelas de las que aprender:

-Madame Bovary , de Gustave Flaubert.
-Crimen y castigo, de Fiodor M. Dostoievski.
-Por quién doblan las campanas, de E. Hemingway.
-Adiós a las armas, de E. Hemingway.
-Las nieves del Kilimanjaro, de E. Hemingway.
-La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig.
-El extranjero, de Albert Camus.
-Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne.
-A sangre fría, de Truman Capote.
-El gran Gatsby, de F.Scott Firzgerald.
-Cuentos imprescindibles, de Anton Chéjov.
-Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift.
-El hombre invisible, de H.G. Wells.
-La montaña mágica, de Thomas Mann.
-Trópico de Cáncer, de Henry Miller.
-Grandes esperanzas, de Charles Dickens.
-El halcón maltés, de D. Hammett.
-Crónicas marcianas, de Ray Bradbury.
-Rayuela, de Julio Cortázar.
-El monje, de M.G. Lewis.
-La cartuja de Parma, de Stendhal.
-Guerra y paz, de L. Tolstói.
-El corazón de las tinieblas, de Conrad.

Como podéis ver es una selección bastante variada (y tal vez nada razonable). Además faltan muchos autores como Poe, Lovecraft, Kafka, Borges, Stevenson, Galdós… y sobre todo autores en lengua castellana (muchos los leí en mi adolescencia, pero me gustaría que me aconsejarais de todas formas).
Así que espero vuestra ayuda (podéis repetir obras de un mismo autor si lo deseáis): ¡¡¡Muchas gracias!!!

miércoles 18 de noviembre de 2009

2012, piratería invertida.


Al ver una peli como 2012 uno puede hacerse una idea bastante clara de cómo anda el panorama creativo. No seré yo el hipócrita que os diga que no vayáis a verla, por mucho que me entraran ganas de echar la pota a la media hora de proyección. Es más, a todos aquellos que os guste escribir, o crear, o lo que sea, os recomendaría que la vierais encarecidamente.

Hacer una crítica de esta peli, sería en sí mismo como condensar todos los tópicos de las críticas que pueden hacerse de una peli mala. A decir verdad, el film se comporta como un recipiente sobre el que vertemos los ingredientes para hacer un batido, esto es: efectos especiales a mogollón, cataclismos, cierto intento de tensión emocional entre personajes, algunos actores medio decentes o con caras conocidas, protagonistas de todas las edades, paisajes emblemáticos como fotos de postal, y todo tipo de ideas copiadas hasta la saciedad de los últimos treinta años de cine de entretenimiento catastrofista: un poquito de Aeropuerto 79, Terremoto, El coloso en llamas, El submarino, Independence Day… Ah, y para mezclar bien no se echa agua, basta con añadir dinero por un tubo y remover a ver qué leches sale. ¡¡Mambo!!

Bueno, lo que demuestra esta peli de “fórmulas” es que el cine de entretenimiento se ha ido al carajo, y perdonadme el lenguaje. De niño recuerdo estupendas películas que eran puro espectáculo: Robin Hood, King Kong, Tarzán, El imperio Contraataca, San Francisco… Jolines, ahora los estudios de cine, los guionistas, los productores, los directores, los actores… se han empeñado en bajar tanto el listón que me pregunto, y es en serio, si de verdad nos toman por tontos. No se puede hacer peor con tantos medios: escenas de acción que parecen un videojuego de la play, diálogos absurdos, personajes que tienen menos expresividad que un muñeco de trapo, buff… ¡¡Dan ganas de llorar!!
Lo malo es que cuando uno mira los escaparates de las librerías o se pasea entre baldas repletas de novedades –y salto ahora al sector literario- se da cuenta de que el leit motiv que inspira al mercado editorial es el mismo: Ctrl+C & Ctrl+V, Copy-paste, o dicho en cristiano: copiad y pegad fórmulas que ya funcionan y mientras éstos traguen (sí, refiriéndose a nosotros), pues adelante, que lo demás no importa.
Pero sí importa.
Importa un huevo.

P.D. Eso también se llama piratería. Por lo menos yo siento que me han robado.

sábado 14 de noviembre de 2009

Alegato de un escritor novel

Hace unos días, Warkos (Francisco Moreno), autor de "Últimos suspiros", sugirió a los foreros de Bibliotecas Virtuales que hiciésemos un repaso de nuestra trayectoria literaria para ver en qué punto nos encontrábamos en la actualidad.
Esto fue lo que yo puse (por cierto, la idea de convertirlo en una entrada del blog me la dio la genial Malube).

Presentado por Deusvolt el 11 de noviembre:
Bueno, pues yo llevo escribiendo en serio, poco más de tres años.
Desde entonces he terminado cuatro manuscritos (novelas), una novela corta y algunos relatos. Tocando distintos géneros.
He aprendido muchas cosas por el camino. Me quedo con: 1) existe una cosa que se llama pulir textos (antes no lo sabía,je,je..), 2) publicar cuesta un huevo si no quieres pagar por ello, y, 3) puedes conocer gente genial en foros, blogs y demás recovecos de internet, que, a diferencia del mundo "real", están dispuestos a echarte una mano.

Creo, y lo digo sin pudor, que me han rechazado la mayoría de editoriales y agencias de este país. Ahora bien, esto hay que matizarlo con bastante prudencia: RECHAZO es una palabra que adquiere un significado particular y dramático en el mundo del novel. No creo que se pueda decir que a un escritor lo han rechazado si no han leído lo que ha escrito.
Básicamente, las editoriales y agencias tienen el terreno muy acotado, híper-restringido. Quedan pocos, poquísimos huecos y, claro, apostar por un novel es difícil porque (y esto es una definición de Malube muy acertada) en términos económicos, el novel, es una inversión de riesgo. Y la pasta, en este mundo, es la reina de las leyes universales.
Por tanto, amigos y amigas, no me doy por rechazado, me doy por IGNORADO. Ese sería un término más certero, ¿no os parece? Me quedo con la opinión de los escasos profesionales que sí me han leído y que me han dicho anotaciones muy positivas. Eso sí, todavía no he conseguido publicar.

Pero, ¿queréis que os cuente un secreto? Pues mirad, he llegado a una conclusión existencial en la que no había caído hasta ahora. Me refiero, a caer de verdad:
>>Escribir es maravilloso. Y mi preocupación ahora mismo, mi única preocupación de verdad es ser un buen escritor, un auténtico escritor. Perfeccionarme, instruirme, darme coscorrones contra la pared y no tener prisas. Por eso todavía ando corrigiendo mi cuarto manuscrito: leo unas pocas páginas al día, las subrayo (voy por la revisión 5) y escucho consejos de gente que me comenta acerca de él. Hago los cambios que creo convenientes, siendo respetuoso con todo el mundo. Hago lo que me pide una extraña Trinidad formada por: el corazón, las tripas y el cerebro. De ese mejunje salen mis libros, con mucho amor y cariño. Seguro que el mismo que les ponéis vosotros.
Por último, insisto en lo del desapego por publicar. Fijaos en quién os lo dice, ¿eh? Alguien que lo deseaba fervientemente hasta hace dos telediarios. Pero no, creo que ése no es el camino. El camino, el auténtico camino es escribir como Dios manda. Encontrar vuestra voz interior, vuestra alma, vuestro estilo. Yo aún lo busco. Y creo, que, poco a poco, mi estilo o mi ausencia de él, se percibe en mis novelas como las trazas del aceite en el agua. Puede ser, en estos momentos, una sola gota, pero se ve claramente.
Y dicho esto, os pongo una cita que coloqué en mi blog (del que estoy muy orgulloso, dicho sea de paso). Esta cita hace referencia al libro Martín Eden, de Jack London del que hice una reseña y que aconsejo a todo escritor novel. El libro cuenta las peripecias de un escritor en ciernes que lucha contra la maquinaria editorial.

―Pero, Martín; si eso es así, ¿cómo es que hay escritores que han triunfado?
―Llegaron a triunfar…, triunfando. Haciendo tales maravillas, tan gloriosas creaciones, que quemaban con su fuego y reducían a cenizas todo lo que se oponía a su triunfo. Y eso es lo que yo quiero hacer: triunfar.


Por tanto, tened fe como yo la tengo. Si lucháis por ese sueño, si cambiáis el punto de mira y en vez de en soñar con publicar soñáis con escribir mejor, seréis tan grandes, tan fuertes, tan buenos, que nadie podrá pararos.

Un abrazo de un amigo que os quiere.

martes 10 de noviembre de 2009

La carretera, de Cormac McCarthy



La carretera ha sido un flechazo literario: amor a primera vista.
Dicen que, a veces, no eres tú quien elige un libro, es el libro quien te elige a ti. Creo que eso es lo que me ocurrió con este librito de apenas doscientas páginas.
Ahora, cuando ya anuncian la película protagonizada por el genial Viggo Mortensen, no puedo cuando menos pensar lo afortunado que he sido de haber descubierto esta novela y haberla leído con la mentalidad intacta.
Porque "La carretera" es, sin duda, uno de los mejores libros que he leído nunca.
Representa el viaje del hombre a través de la oscuridad de los tiempos –en este caso futuros-, donde la vida se calibra por el hambre (la medida universal de la existencia). Ese viaje nos narra la historia de amor entre un padre y un hijo, el único hálito de luz en medio de un mundo entre tinieblas, cuya orientación para sobrevivir será el agrietado asfalto que surca la tierra y por donde también pisa el horror caníbal.
El libro posee una prosa desgarradora desprovista de artificios, que no sigue ninguna de las reglas convencionales que nos atan cuando escribimos y, más importante aún, cuando leemos. Frases cortas a base de punto y seguido, o frases largas sin comas, y párrafos segregados cual estrofas de un melancólico poema. Con ese estilo genuino de los grandes autores norteamericanos, de tintes autobiográficos, que ensalzan al “hombre” capaz de vivir al raso, hábil con sus manos, eminentemente pragmático y que, sobre todo, no se rinde jamás.
Y el dolor, siempre el dolor:

Todas las cosas bellas y armónicas que uno conserva en su corazón tienen una procedencia común en el dolor.

Es para mí una lección única e irrepetible, un rayo de esperanza.
Porque, después de leerlo, te darás cuenta de lo triste y gris que se había vuelto el mundo de los libros.

jueves 5 de noviembre de 2009

Panorama literario


Una gran escritora, hace escasos días (¿o fueron horas?), me dio un buen consejo acerca de la mentalidad positiva.
Sea porque es una persona a la que admiro y considero una amiga, o por mis propias circunstancias actuales, trato de poner en práctica ese consejo, y me encuentro en un período de relativa calma literaria. Desconozco si los avatares del destino me llevarán a que se desencadene la tormenta tras la calma, pero lo cierto es que, ahora mismo, contemplo mi futuro literario desde una óptica distinta y distante. Corrijo, escribo, leo, comento. No estoy para nada preocupado por las contestaciones de editoriales y agencias. En definitiva, de algún modo, me he dado cuenta (pero de verdad) que "tengo que ir a lo mío". Como una hormiguita que trabaja sin prisa, pero sin pausa.

Quería deciros estas palabras antes de lo que expongo a continuación: la respuesta de una joven editorial que me ha contestado al cabo de unos cuantos meses. Ofrece una visión deplorable de la situación editorial y, me apetecía compartirla con vosotros a ver qué opináis. Pero, sin deprimirse, ¿vale?
Porque me parece que el Dan Brown va a poder comprarse unas cuantas castañas asadas estas Navidades sin problemas.
Un saludo.

>>Cuando …creamos la editorial…., teníamos un proyecto en mente que desgraciadamente en estos momentos no podemos llevar a cabo…
…Como le indico, una cosa son las ideas y otra bien distinta la realidad. En nuestro caso el choque con la realidad ha sido verdaderamente decepcionante: Escasos puntos de venta, porcentaje de devoluciones altísimo, poca o nula rotación del fondo, elevados margen para los distribuidores y las grandes superficies, elevadísima presión en los puntos de venta de los grandes grupos editoriales, espectaculares caídas de las ventas y del número de visitantes en librerías, poquísima profundidad de los fondos en las librerías, escasa visibilidad de títulos de poca rotación, etc.

Ante este panorama y antes de rechazar todos los libros que nos habían ofrecido, decidimos apostar por un nuevo formato, el del libro electrónico o ebook con posibilidad de impresión a medida.

Para evaluar la viabilidad comercial de la propuesta encargamos a una empresa auditora un estudio de mercado y el resultado nuevamente ha sido decepcionante. Nulas o escasísimas ventas, coste de la producción soportado por los autores, y en más del 97% de los casos el comprador final del libro es el autor o sus familiares y allegados.

Podríamos ofrecerle publicar su libro como ebook pero sentiríamos que le estamos engañando pues si bien el coste de dicha propuesta es nulo o muy bajo para ambas partes, la rentabilidad es también escasísima o nula...

lunes 2 de noviembre de 2009

Una mañana de domingo


Ayer domingo recogí a mis padres y los llevé a dar un paseo en coche.
Antes, cuando mi padre podía conducir, era parte de su ritual semanal. Solían pasear por los mismos lugares todos los fines de semana, a saber: el muelle, la plaza del Ayuntamiento, el faro de Navidad… Nuestra ciudad, aunque pequeña, tiene un puñado de sitios acogedores, marineros, donde uno puede pasear mecido por la brisa, ensanchando los pulmones.
Los llevé al valle de Escombreras, para que vieran todo lo nuevo que se había construido en acero y hormigón. Entramos por Alumbres y no abandonamos la visión de las tuberías hasta que dejamos atrás los túneles que conducen a Cala Cortina.
Detuve el coche en el mirador, bajamos, y desde lo alto contemplamos la playa. Aunque el sol no terminaba de decidirse, hacía un día agradable. Debajo nuestra, un par de bañistas nadaban en aguas transparentes observados por la gente que tomaba el aperitivo en la terraza del restaurante.
Apenas hablamos. Estábamos sobrecogidos por la tranquila visión que ofrecía el mar.
Yo pensaba lo curioso que es el subconsciente. Aquella cala, como otros lugares que visitaríamos el domingo, habían servido de inspiración para mi nuevo manuscrito. Así, Cala Cortina se había transformado sobre el papel en Cala Marfil. Una playa que no era exactamente igual a la original, aunque recordaba vagamente a ella. Era, por decirlo de algún modo, el otro lado del espejo, aunque un espejo imperfecto, deslucido. El espejo particular de mi propia visión de las cosas.
Últimamente estar con mis padres me produce una desgarradora melancolía. De pequeño, no me detenía a pensar en el tiempo. Supongo que la vida, que el estrés laboral y la propia sociedad, te sumergen en la creencia de que lo importante sucede en los períodos vacacionales. Nos pasamos media vida pensando en las vacaciones y cuando las tenemos, nos pasamos medias vacaciones pensando en lo poco que nos queda. Cuando uno es niño no piensa en el tiempo, preciado y precioso, que disfruta junto a sus padres. En lo fuertes y seguros que se ven con los ojos de la infancia.
Por eso, cuando puedes disfrutar con ellos una mañana de domingo, sientes que el tiempo se ha detenido para ti y te ha guiñado un ojo. Como si fuera posible atraparlo en una cajita de música y reproducirlo siempre que quisieras. Aunque sabes que, eso, no mitigará el dolor cuando ya no estén.
Reproduzco ahora unos versos de Agustín, conde de Foxá, que encontré en el libro que me dejó mi amiga Isis: "La brújula loca", de Torcuato de Tena.

En los ojos de tu madre
serás niño hasta el final.

jueves 29 de octubre de 2009

El legado, de Blanca Miosi: pura Magia.


El Legado no es lo que parece.
Yo tardé en darme cuenta. Para ser exactos, creo que fue cuando me encontraba en el tercio final del libro. La prosa sencilla y precisa te conduce por la novela como un adulto pasearía a un niño por un museo de historia. El adulto señala al niño una escena y le explica su significado de forma clara. El niño asiente.
Estuve a punto de salir de ese museo convencido de lo que acababa de ver, pero tropecé y me di cuenta de que en realidad estaba ante una ilusión.
Entonces fui consciente de que Blanca Miosi me había hipnotizado con su lenguaje, con sus idas y venidas, cambios de lugar y personajes, y comprendí que un lector afín a ese tipo de literatura, al acabar el libro se habría quedado satisfecho con lo que había leído.
Pero, desde esta humilde reseña, les animo a no dejarse llevar. Les animo a bajarse del carrito de la visita guiada, les animo, en definitiva, a tener los sentidos alerta y a elevar el nivel de percepción. ¡Carajo!, ¡¡les animo a complicarse la vida!! Porque, ¿nunca han tenido la sensación de que algo no cuadraba, de que “había algo más”?

Bien, les contaré un secreto: el sitio exacto dónde tropecé.
Fue en la página 240. Allí encontré un pasadizo al que se accedía a través de una protuberancia disimulada entre la novena y undécima líneas. Si quieren accionarlo deberán presionar dichas líneas con los dedos índice y pulgar –separados- y leer en voz alta el encantamiento que los librará de la hipnosis:

<<¿Sabes de dónde provienen las fuerzas que manejan el mundo? De lo oculto, de lo no declarado, de lo reguardado en lo más profundo de las mentes. >>

Entonces, descubrirán que lo que estaban leyendo estaba escrito sobre papel calca. Lo auténtico se encuentra detrás, grabado en el subconsciente, en “el sótano”. Y deben bajar a él, antorcha en mano, sintiendo lo que se esconde tras de El legado: un mensaje transcendental y devastador, claustrofóbico. No hay otra forma: deben bajar con Hanussen a ese infierno subterráneo de San Gotardo, a ese castillo de Blad, para darse cuenta de que no se baja a un "lugar físico".
Hanussen es la conciencia del ser humano que llevamos dentro, al que odiamos y somos capaces de amar. Posee la sabiduría descansando sobre su espalda, posee riquezas, y tiene sobre todo, poder. Es la clase de hombre que, a lo largo de la historia, ha brotado de las entrañas de una mujer para sorprender al mundo, como un fruto exótico resplandece en medio de un jardín gris. Quizá una manzana primigenia.
Por eso, estoy seguro de que, dentro de un tiempo, retomaré de nuevo esa novela y la leeré con los cinco sentidos y la guardia alta, para que Miosi, la prestidigitadora que hay al otro lado del Atlántico, no vuelva a jugármela. Aunque no las tengo todas conmigo. Empiezo a intuir que las páginas cambiarán, que los personajes no serán exactamente iguales a la primera vez que leí “El Legado”.
La autora, Blanca Miosi
Para terminar, les lanzo dos apuntes que barrunto mirando de reojo la bella portada:
¿Puede la maldad estar incrustada en los genes? Y, ¿Puede alguien transmutar la rabia de cientos de miles de personas en un poder que lo haga el rey del mundo?
Sí, piensen en un tipo enclenque y vulgar subido en un estrado arengando a una masa enfervorecida, y acertarán.