domingo, 1 de agosto de 2010

Carta de un escritor novel a Pérez-Reverte

Al igual que muchos de vosotros he leído el artículo de Arturo Pérez Reverte publicado en el XL Semanal, titulado Carta a un joven escritor (I),
En líneas generales me gustó mucho, no obstante hay algunos puntos en los que no estoy de acuerdo. Para explicarlos voy a remitirme al artículo anterior. De hecho, la Carta a un joven escritor empieza así: "Pues sí, joven colega. Chico o chica. Pensaba en ti mientras tecleaba el artículo de la semana pasada."
El artículo al que se refiere es:
CARTAS DE DOBLE FILO.

Y he aquí mi respuesta al mismo:



Carta de un escritor novel a Pérez Reverte:

Estimado coterráneo, soy un escritor novel y aunque sé que no leerá esta carta por falta de tiempo y porque seguramente ni siquiera conocerá este humilde sitio del ciberespacio, me permito el lujo de responderle con la misma esperanza con la que un náufrago tiraría un mensaje en una botella al mar embravecido que rodea su isla desierta.
Vaya por delante que soy admirador suyo, que he leído muchos de sus libros, y que sigo con razonable asiduidad los artículos de Patente de Corso en el XL Semanal. Y no, no se preocupe, que esta carta no terminará como el Rosario de la Aurora, y que, tras ella, volveré a leer sus libros cuando me apetezca porque me gustan sus personajes, me gusta esa melancolía que destilan y esa visión del mundo donde todo está perdido y solo resta vivir tirando para adelante como mejor se pueda. Dicho esto, quisiera comentarle que no creo que usted se encuentre en una atalaya de soberbia, ni que deba convertirse en el salvador de los escritores noveles, y que, por supuesto, sería material y humanamente imposible que pudiera leer todo lo que le envían y no ha solicitado. También vaya por delante que jamás se me ocurriría mandarle uno de mis manuscritos.
Ahora bien, aunque le he dicho que no creo que se encuentre en una atalaya de soberbia, si me gustaría hacerle ver que, quizá, esté viviendo en otro mundo.
Pienso que los despechos de mis colegas noveles a los que alude tan duramente en la carta, son, sencillamente, un rasgo propio de la inmadurez del artista en ciernes, algo parecido al amante joven que cae en las redes del amor por vez primera y lanza fuego por los ojos. Eso no justifica que le insulten, ni que le deseen la peor de las muertes, claro está, pero, señor Reverte, a estas alturas del partido, con tantas cicatrices a cuestas, tantos escenarios de guerra en la chepa… con tanta vida detrás, no debería ponerse así. Yo mismo recuerdo que, hasta hace bien poco, uno de mis manuscritos, recién alumbrados, eran para mí poco menos que un tesoro… cosa santa, vamos. También recuerdo que tomé un berrinche parecido a los que usted alude en el artículo, cuando, al dedicarle uno de mis manuscritos a una amiga, ésta lo tuvo en su casa durante meses sin leerlo. Aquello me causó un estupor del que tardé en recuperarme.
Ahora, me he dado cuenta de que mis escritos no son tan importantes. En ellos he puesto mucho amor, mucho trabajo, horas en vela, esfuerzo, me he dejado un poco de vida, un poco de salud, un poco de juventud… pero no, no son importantes. Creo que el verdadero artista nace de la humildad, y que alcanzar esa humildad es un proceso difícil.
Pero si le decía que usted vive en otro mundo es, sencillamente, porque me gustaría que recordara aquella primera vez en la que siendo mucho más joven terminó una de sus obras, y se pregunte, con la honestidad que le caracteriza, si de verdad no le ayudó nadie, si de verdad nadie le dio un consejo, una indicación, un poco de aliento… ¿Nadie le tendió la mano?
Quizá la cuestión de fondo de su artículo no resida en que los autores noveles se sientan despechados porque usted no los atiende, quizá la cuestión de fondo sea preguntarse por qué tantos de ellos le piden ayuda. Y, ¿sabe lo que es peor de ser un escritor novel en este país ingrato donde vivimos?
Que la mayoría de los noveles son rechazados sin que nadie los haya leído nunca.

Un abrazo.
Sergio G.Ros.

domingo, 25 de julio de 2010

Dice la gente...

El sábado por la mañana mientras conducía, escuché una entrevista muy interesante. El entrevistado era el músico Kiko Veneno, que regresa al panorama musical con su nuevo trabajo “Dice la Gente”, volviendo con una gran discográfica (Warner).
Cuando la presentadora de radio le preguntó por qué había dado el salto a una gran Discográfica después de su conocida relación de amor-odio con las mismas (con sonoras rupturas), Kiko Veneno respondió con una larga parrafada que me resultó bastante familiar y extrapolable al mundo literario.
Explicó que la relación entre las Discográficas y el músico no es una relación de igualdad. El músico, como autor, crea y trabaja en su obra, pero cuando la termina, no tiene medios ni forma de hacerla llegar al Gran Público. Es ahí donde entran las Discográficas que sí tienen los medios. Pero, ojo, la cosa no es tan sencilla porque el músico tiene que esperar sentado a que suene el teléfono, porque son las Discográficas las que eligen y deciden si el producto del músico les interesa. Entonces y solo entonces, ofrecen un contrato que el artista puede o no aceptar. Veneno contó que en alguna ocasión se había sentido maltratado por las Discográficas.
La entrevistadora aprovechó entonces para reflexionar sobre lo frío que sonaba que una empresa que cotizaba en Bolsa (Discográfica) manejara el arte y decidiera lo que era bueno y no para el público, y Kiko Veneno respondió que, desgraciadamente, las cosas estaban así: eran las reglas de este mundo que nos había tocado vivir e hizo otra reflexión que me gustó mucho: comentó que nos han vendido un MUNDO GLOBAL, pero esa misma globalidad es la que está matando al Mundo. No se pueden encontrar soluciones globales para todos, pues muchas veces, los problemas deben ser resueltos a niveles locales.
Lo que me gusta de esa reflexión es precisamente la parte filosófica que encierra y que creo muy acertada: hoy en día la clave para vender es “conectar” con todo tipo de público, y para ello se buscan artistas cuyos trazos puedan encajar en muchos modelos de pensamiento, que pasen de puntillas por problemas, sentimientos y situaciones, y puedan gustar a mucha gente. Pero eso mismo desdibuja la particularidad de cada uno.
Y me quedo con otro apunte, uno que escuché decir una vez a un gran director de cine sobre Almodóvar: que triunfaba en el mundo entero porque era capaz de exportar su propio universo, su propia visión del mundo, de colores y formas, de entender la vida.
Así tomo este último apunte para pensar que, a pesar de todo, hay esperanza.
Buena semana.

sábado, 17 de julio de 2010

Objetivo cumplido, revisión terminada.


Hola, amigos.
Como habréis podido comprobar llevo un tiempo alejado del ciberespacio. El motivo ha sido la revisión de mi último manuscrito, “Su nombre empezaba por E”, al que para abreviar llamaré SNEE, costumbre que tomo prestada de Blas Malo, escritor y bloguero conocido por todos vosotros, cuyas peripecias podéis seguir en el excelente blog A Hemigway le negaron 27, y que en septiembre publicará su primera novela: El esclavo de la Alhamra, Ediciones B (título al que se refiere habitualmente con la abreviatura de EEDLA).
La verdad es que he quedado satisfecho con esta nueva revisión de SNEE. ¿Y qué diferencia tiene esta nueva revisión con las anteriores que hice? Pues destacaría varias, pero por encima de todo, una reducción de un 15% del número de páginas, lo que ha permitido la eliminación de subtramas románticas con personajes secundarios que en cierta forma lastraban el aspecto de thriller de la novela. En definitiva, me parece que ha quedado más limpia, más despejada. Obviamente, lo más difícil ha sido saber qué cortar y qué dejar, fue lo que más tiempo me llevó. Pero ahora, con el trabajo terminado, creo que ha merecido la pena.
¿Y ahora qué? Bueno, mientras las musas de la inspiración deciden visitarme, voy a dedicarme a leer un poco, pues tengo un buen puñado de libros pendientes. Me parece que no hay mejor forma para despejar la mente, y de paso aprender lo mucho que me queda por mejorar.
Ah, la imagen de cabecera no quiere decir nada, solo es una foto que hice en un barrio de mi ciudad porque me llamó mucho la atención. Los españoles no tenemos término medio: lo mismo encontramos calles sin un paso de cebra, y en cambio, esta callecita secundaria los tiene a docenas.
Un abrazo y buena (y calurosa) semana.

jueves, 1 de julio de 2010

Datos del sector editorial español 2009


El otro día me topé con un interesante artículo publicado en El País sobre el estado de nuestro sector editorial.
Me llamaron la atención varios detalles:
  1. Que la ficción ha subido en ventas, desmarcándose del resto del sector, lo que a mi parecer es una buena señal dentro de tanto pesimismo.
  2. Salen muchos títulos nuevos al mercado (más de la mitad del global son novedades, aunque con tiradas menores), lo que también, a priori, puede ser bueno para los que buscamos hacernos un hueco.
  3. Un dato extraño: el libro de bolsillo pierde fuelle frente a la tapa dura. Eso no me cuadra mucho en una época de crisis, y personalmente, a la hora de leer, prefiero el libro de bolsillo: es más cómodo, barato y práctico. Eso sí, la tapa dura viste más y tiene más calidad de impresión.

Bueno, dicho esto, os dejo el artículo completo (clicad aquí) para que le echéis un vistazo si os apetece y así podáis opinar con conocimiento de causa. Buen fin de semana a todos.


La venta de libros sigue bajando.


El sector editorial español facturó en 2009 un 2,4% menos que el año anterior. El libro digital supone el 1,6% de la facturación total
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid - 01/07/2010

"Con la que está cayendo, el sector aguanta". Lo dijo esta mañana Antonio María Ávila, director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) durante la presentación del informe sobre el comercio del libro en España en 2009. La que está cayendo, según Ávila, tiene un nombre (crisis) y dos caras: por un lado, la "atonía de los mercados, es decir, el miedo de los consumidores"; por otro, la "política errática" del Gobierno central y de los diversos gobiernos autonómicos respecto a las bibliotecas publicas y, sobre todo, respecto a los libros de texto. He aquí algunas claves del informe, patrocinado por el Ministerio de Cultura y CEDRO .

Menos libros vendidos. Concretamente cuatro millones de libros menos (236 millones de ejemplares en 2009 frente a los 240 de 2008 y los 250 de 2007).

La revolución de los derechos. El sector editorial español facturó en 2009 3.110 millones de euros frente a los 3.185 del año anterior, es decir, un 2,4% menos. Esa facturación, no obstante, alcanza la cifra de 3.250 millones de euros si se le suma la venta de derechos de autor (a otros países, a otras editoriales), con lo que la caída del 2,4% se transformaría en una subida del 0,9%. ¿Qué ha pasado? Ha pasado que el sector sufrió una pequeña revolución en ese capítulo: en 2009 ingresó por ese concepto 139 millones de euros; en 2008 no había ingresado más que 33 millones. El único "problema" es que sectores todavía clave en el sector editorial como los libreros y distribuidores no intervienen en el floreciente comercio de los derechos.

Más títulos, menos ejemplares. Los que piensan que en España se edita demasiado tienen un motivo más para pensarlo. En 2009 se publicaron 76.200 títulos, de los que el 55% fueron novedades. El año anterior la cifra fue de 73.000 títulos. Eso sí, el miedo a las devoluciones hizo que los editores fueron algo más cautos en cuanto a las tiradas: la media se redujo a 4.300 ejemplares por título frente a los 5.000 de 2008. Así, el número total de ejemplares bajó alrededor de un 10%. Las editoriales siguen sacando novedades en busca de un título de éxito pero el riesgo en menor cuando éste no llega.

A comprar al hipermercado. Las librerías y las cadenas de librerías siguen siendo el punto de compra de libros preferidos por los lectores españoles (bajan levísimamente en cuanto a la facturación), pero la gran revolución se ha producido en los hipermercados, que suben un 10%. Por otro lado, canales como la venta de las editoriales por Internet (las librerías quedan aparte) y la venta por correo, por teléfono o a crédito (es decir, el reino de las enciclopedias) se desploman. Su caía se mueve entre el 20 y el 48 %.

La ficción sube. Suben la literatura infantil y juvenil (un 4,5%) y la narrativa (un 3,2%). Los problemas para el sector editorial no deberían, pues, venir ni de los lectores del futuro ni de los presentes amantes de la ficción.

El libro de texto baja. El libro de texto no universitario, que supone el 27% del mercado interior, baja un 6% en su facturación. Según la FGEE, debido a una política más dirigida por la economía que por la pedagogía: frente al "razonable" cheque libro de algunas comunidades autónoma, el "poco pedagógico" sistema de préstamo y reutilización de otras. Para 2010, Antonio María Ávila anunció una "grave crisis" en el libro de texto.

El otro subsector son "problemas notables" según la FGEE es el de los libros científico-técnicos (caen un 2%) y, sobre todo, el de ciencias sociales y humanidades (cae un 10%). ¿El motivo? Dos según Ávila: "La alergia de la universidad española al libro" y la "piratería digital ejercida por los profesores" a través de las webs de las propias facultades.

Casos aparte son el cómic, que baja un 19%, y la poesía y el teatro, que se desploman: caen un 38%. Malos tiempos para la lírica.

A la crisis no le gusta el bolsillo. Muchos pensaron al anunciarse la desaceleración-recesión-crisis económica que el libro de bolsillo (7 euros de precio medio, la mitad aproximadamente que su hermano mayor) sería un buen refugio para los lectores. No ha sido así. En 2009 se vendió un 10% que el año anterior.

El tran-tran del libro electrónico. El libro digital, que aparece por primera vez en el informa anual de la FGEE, facturó en 2009 51 millones de euros, es decir, el 1,6% del total. En ese mismo año se comercializaron en formato digital 10.500 títulos. Es muy posible que todos esos datos sean ya prehistoria: sólo la plataforma Libranda tiene previsto comercializar ese mismo número de títulos a finales de 2010.

¿Un 4% para 2010? Con todas las prevenciones pero con la tendencia que se vio en Sant Jordi y en las distintas ferias del libro y ante la evidencia de que vivimos en el segundo año completo de crisis, Antonio María Ávila aventuró una cifra para la caída del sector editorial español durante este año: 4%. La respuesta, en 365 días.

martes, 22 de junio de 2010

Psicosis, de Robert Bloch

Reseña publicada originalmente en Llegir en cas d´incendi.

http://www.llegirencasdincendi.com/2010/06/psicosis-robert-bloch.html



Psicosis
Robert Bloch
Traducción: Ester Mendía Picazo
Editorial: La Factoría de Ideas
1ª edición, abril de 2010
192 páginas
Género: Terror / Thriller
ISBN: 9788498005622

En 1957, varios agentes de policía de Plainfield (Wisconsin) registraron la propiedad de Ed Gein, granjero al que habían detenido como presunto culpable de la desaparición de Bernice Worden, la dueña de la ferretería del pueblo. Poco podían imaginar que además de cientos de desperdicios, Ed Gein almacenaba toda clase de restos humanos: cabezas intactas, muebles forrados en piel, huesos, mandíbulas…. Su granja era un verdadero museo de los horrores. A partir de ese momento pasaría a ser conocido como el carnicero de Plainfield y considerado como uno de los más brutales asesinos en serie de los Estados Unidos de Norteamérica. En las escasas declaraciones que hizo, confesó haber profanado varias tumbas de personas conocidas para llevarse sus cadáveres a casa.

El caso de Gein pronto despertó un profundo interés, sobre todo por su desconcertante y compleja personalidad donde confluían varias perversiones distintas: fetichismo, travestismo, voyerismo, canibalismo y quizá necrofilia. Los psiquiatras consideraron que una de las causas del origen de su patología estaba en la relación que mantuvo con su madre, una mujer fanática que no consintió que ni él ni su hermano se relacionasen con nadie externo que pudiera pervertirlos. Cuando la madre murió, Gein, que sufría un fuerte complejo de Edipo, se obsesionó con la figura materna. Declaró también que “madre” le hablaba en las duermevelas, y tal vez por esa misma razón mantuvo su habitación intacta y perfectamente ordenada.

En 1959, el escritor de ciencia ficción y terror Robert Bloch (1917-1994) publicó una novela inspirada en el caso de Gein. Los derechos fueron adquiridos por un director británico que la llevaría a la gran pantalla un año más tarde, en 1960. Ese director se tomó muchas molestias para que el público no conociera el desenlace de la trama: compró todas las copias de la primera edición del libro, obligó a sus actores a firmar un contrato por el que se comprometían a no desvelar el final, realizó las grabaciones en un entorno cerrado y prohibió los pases previos del film. Ahora se cumplen cincuenta años de esa película, titulada Pshyco (que fue mal traducida al español como Psicosis), dirigida por Alfred Hitchcock: una de las grandes obras maestras del cine.

La editorial La Factoría de Ideas ha reeditado la novela homónima de Bloch. Quizá ustedes se hagan la pregunta que yo me hice antes de leer el libro: ¿merece la pena cuando uno ya sabe de qué va la historia? Y sobre todo: ¿qué puede ofrecernos cuando planea sobre ella la gigantesca sombra del mito cinematográfico? Pues permítanme que les diga que Psicosis es una pequeña joya literaria, un círculo perfecto y cerrado que leerán en un santiamén.


La historia tiene apenas la extensión de un cuento largo, con una prosa sencilla, sin ornamentos pero tremendamente efectiva, efectista y poderosa. Además de la atmósfera, los giros argumentales son desconcertantes, pero, destaca por encima de todo la capacidad de Bloch para mantener el suspense y dejarnos con la miel en los labios al final de cada capítulo. Consigue algo que muy pocas novelas logran con muchas más páginas o tramas más enrevesadas: mantener el suspense, mimarlo y hacer que crezca el interés del lector.

Particularmente interesante es también la forma en la que Bloch resuelve la interacción de Norman Bates con su madre, con una prosa en tercera persona, diálogos sagaces, y un estilo indirecto donde el narrador se funde con el protagonista y nos hace leer lo que piensa, cómo piensa y por qué lo piensa.

Denostada por la crítica literaria de su tiempo, la novela quedó dilapida con el estrellato de la película, y Hitchcock se quedó con todos los honores. Quizá Robert Bloch, que fue amigo y admirador de Lovecraft, tuvo una trayectoria literaria irregular durante toda su vida (a pesar de haber recibido los premios Hugo, Bram Stoker y el premio Mundial de Fantasía), en la que cultivó cuentos, relatos y guiones de radio, cine y televisión, y también varias novelas. Sin embargo, creo que esa variedad de oficios quedaron impresos de alguna manera en Psicosis, una novela cerrada sobre una historia aparentemente sencilla que les atrapará hasta el final.


Sergio G. Ros

jueves, 17 de junio de 2010

Un premio para El alma impresa

¡Hola amigos!

Arlette Geneve, escritora cuyo nombre estoy seguro que os sonará pues sus novelas están siempre entre los libros más vendidos (El carcelero de Isbiliya , La Rendición del Highlander , La última cita…), ha tenido la enorme gentileza de obsequiar a este blog con el Premio Superación. Sus palabras de halago me han tocado las fibras del corazoncito, y me han hecho una tremenda ilusión.
Y, aunque suene a falsa modestia, ¡qué leñe, me apetece ponéroslas!

Conozco muchos amigos que están luchando día a día para hacerse un hueco en el mundo literario, sin desfallecer, sin perder la esperanza, confiando a pesar de las negativas, sabiendo que tarde o temprano llegará el momento idóneo en el que un editor comprobará la enorme calidad literaria de sus escritos. Y cuando ese día llegue, que tiemble John Ronald Reuel Tolkien. Patrick Süskind. Robin Cook e incluso Stephen King. Los pongo como ejemplo porque son mis autores fetiches, lo que me han hecho enfadar, pasar miedo, deleitarme con su narrativa.
Y tras pensarlo mucho, he decidido que el blog que se merece un premio a la superación, es el de mi amigo Sergio G. Ros. Os pongo el enlace de su página para que disfrutéis de este magnífico escritor y crítico literario. Es un privilegio tenerlo entre mis amistades.

Tampoco puedo dejar de recomendaros que visitéis su página web, donde podréis conocer un poquito mejor a esta escritora bestseller: http://arlettegeneve.es/

¡Muchas gracias, Arlette!, ¡yo si que soy afortunado por tenerte como amiga!

Por otro lado, ahora me toca a mí elegir un blog para este premio. También lo he meditado bastante... y he decidido otorgárselo a “Aventuras y desventuras de un escritor novel”, el blog de Armando Rodera. Todos vosotros conocéis a Armando, sus enormes esfuerzos por publicar, su ilusión, su trabajo… Creo que se lo merece de largo. Estoy convencido de que tendrá su hueco. Por el momento, os recomiendo encarecidamente que disfrutéis de sus entrevistas, y sobre todo, de un tiempo a esta parte con sus excelentes crónicas del mundo editorial que son cercanas y muy provechosas (especialmente) para todos aquellos que no vivimos en las grandes capitales españolas. ¡Ah! Y además de escribir novelas, hace reseñas literarias.

¡Joer, editores y agentes, el chico es completito!

P.D. He elegido la foto de Nick Vujicik surfeando junto a Bethany Hamilton. Sobran las palabras, ¿verdad? Pero si tenéis curiosidad, en Internet podréis encontrar cientos de páginas dedicados a ellos.

sábado, 12 de junio de 2010

Las partículas elementales, de Michel Houllebecq.


El pasado jueves por la tarde me encontraba sentado esperando mi turno en la peluquería (sí, sí… hasta los que apenas tenemos pelo vamos a la peluquería). Entre mis manos un libro: Las partículas elementales, de Michel Houllebecq, la novela propuesta para la tertulia que se celebra este sábado; me quedaban unas cincuenta páginas por leer.
Esas páginas me dejaron completamente noqueado. Creo que es lo más bello que he leído en mucho tiempo.
Así que, cuando me llegó el turno, no intercambié ni una palabra con mi peluquero, cosa del todo inusual. Pienso que debió darse cuenta de que algo me pasaba porque tampoco intentó "romper el hielo" y me dejó estar.
Dice el filósofo-escritor Fernando Arrabal que a Houllebecq se le sambenita o se le escupe a la cara. De hecho, Houllebecq, autor francés (que reside en Almería), ha levantado a su alrededor opiniones extremas y encontradas, pero lo cierto es que sus libros no dejan indiferente a nadie porque socavan conciencias.
Las partículas elementales es un aglomerado de filosofía, ciencia y vulgaridad, pero me ha llamado poderosamente la atención que casi nadie, cuando opina sobre la novela, hable sobre la técnica, el estilo y sobre la belleza del mismo.
Argumentalmente, la novela presenta una dicotomía clara, marcada por sus dos personajes centrales: Bruno y Michel, dos hermanastros (misma madre, distintos padres) con estilos de vida totalmente opuestos: Bruno, obsesionado por el sexo y por todo lo carnal en proporción desmedida, Michel, obsesionado por el conocimiento y la ciencia hasta extremos metafísicos. La narración alterna la historia de uno y otro dibujando un fresco sobre la sociedad actual, heredera de la supuesta liberación impulsada por los jóvenes de los sesenta: Mayo del 68, época Hippy… y lo hace con precisión quirúrgica, desmontando una tras otra, todas las angustias que cercan al ser humano de estos días. Las opiniones que se vierten en el libro dan palos a tantos tipos de personas, filosofías, creencias o formas de entender o vivir la vida, que es imposible que alguno de ellos no te afecte, te roce, o te queme.
Por otro lado, muchos de los comentarios negativos que he leído sobre la novela esgrimen la narración pornógrafa de la misma: las descripciones explícitas sobre sexo. No en vano, la palabra “polla” aparece más de una treintena de veces, pero a mi entender, no es el sexo en sí mismo lo que irrita: lo que perturba es el papel del sexo como catalizador de las angustias de la sociedad actual, de las frustaciones que acarrea, de la esclavitud que genera como comunión indisoluble con el cuerpo del ser humano, ese aspecto tan importante e individual que nos pesa como un lastre.

—La mayoría de los hombres prefieren la mamada —continuó—. La penetración les molesta, tienen problemas de erección. Pero cuando los chupas se vuelven como niños pequeños. Tengo la impresión de que el feminismo los ha marcado mucho, más de lo que les gustaría confesar.
—…. Los hombres que envejecen solos son mucho menos dignos de compasión que las mujeres en la misma situación. Ellos beben vino malo, se quedan dormidos, les apesta el aliento; se despiertan y empiezan otra vez; y se mueren bastante deprisa. Las mujeres toman calmantes, hacen yoga, van a ver a un psicólogo; viven muchos años y sufren mucho. Tienen el cuerpo débil y estropeado; lo saben y sufren por ello. Pero siguen adelante, porque no logran renunciar a ser amadas. Son víctimas de esta ilusión hasta el final. A partir de cierta edad, una mujer siempre tiene la posibilidad de frotarse contra una polla; pero ya no tiene la menor posibilidad de ser amada. Los hombres son así, eso es todo.

El cuerpo y el miedo a envejecer, que traiciona a los seres humanos que basaron una vida entera en la importancia de la juventud, de la salud extrema, física y superficial.

No obstante, las mujeres que tenían veinte años en torno a «la época del 68» se encontraron, al llegar a los cuarenta, en una enojosa situación. Por lo general divorciadas, casi nunca podían contar con esa conyugalidad —cálida o miserable— cuya desaparición habían acelerado todo lo posible. Formaban parte de una generación que había proclamado la superioridad de la juventud sobre la edad madura —la primera generación que lo había hecho hasta ese extremo—, y no era de extrañar que la generación que venía detrás las despreciara. El culto al cuerpo que habían contribuido tanto a establecer las llevaba, a medida que se marchitaban, a experimentar una repugnancia cada vez más viva hacia sí mismas; una repugnancia semejante a la que leían en las miradas ajenas.

...Ya me he dado cuenta hace un momento de que mi coño no te atraía mucho; ya es un poco el coño de una vieja. Con la edad, la pérdida de colágeno y la fragmentación de la elastina en la mitosis hacen que los tejidos pierdan de manera progresiva la firmeza y la elasticidad. A los veinte años yo tenía una vulva muy bonita; ahora, me doy perfecta cuenta de que los labios están un poco descolgados.»

Todo ello impulsado por la propia Sociedad donde vivimos, que ha hecho del deseo, un leit motiv que roza lo religioso. Es el deseo, en la actualidad, el motor de la economía (el capitalismo exacerbado), una economía que hay que apuntalar porque se derrumba, y que, peor aún, ha a atrapado en su declive, como los cascotes de un terremoto, a las peronas y sus esperanzas.

…la mutación metafísica operada por la ciencia moderna conlleva la individuación, la vanidad, el odio y el deseo. En sí, el deseo, al contrario que el placer, es fuente de sufrimiento, odio e infelicidad. Esto lo sabían y enseñaban todos los filósofos: no sólo los budistas o los cristianos, sino todos los filósofos dignos de tal nombre.

Y en ese desfile de opiniones punzantes, encontramos radiografías viscerales sobre hombres y mujeres, crueles y filosóficas, que cercenan espíritus y tendencias.

—Nunca he entendido a las feministas... —dijo Christiane a media cuesta—. Se pasaban la vida hablando de fregar los platos y compartir las tareas; lo de fregar los platos las obsesionaba literalmente. A veces decían un par de frases sobre cocinar o pasar el aspirador; pero su gran tema de conversación eran los platos por fregar. En pocos años conseguían transformar a los tíos que tenían al lado en neuróticos impotentes y gruñones. Y en ese momento, era matemático, empezaban a tener nostalgia de la virilidad. Al final plantaban a sus hombres para que las follara un macho latino de lo más ridículo. Siempre me ha asombrado la atracción de las intelectuales por los hijos de puta, los brutos y los cabrones. Así que se tiraban dos o tres, a veces más si la tía era muy follable, luego se quedaban preñadas y les daba por la repostería casera con las fichas de cocina de Marie-Claire. He visto el mismo guión repetirse docenas de veces.

Pero es indiscutible que muchas de esas opiniones que salen de las bocas de los personajes, o del propio narrador onmisciente, son reflejo de la realidad que nos rodea:

La fama cultural sólo era un mediocre sucedáneo de la verdadera gloria, la gloria en los medios de comunicación; y ésta, vinculada a la industria del entretenimiento, acumulaba más dinero que cualquier otra actividad humana. ¿Qué eran un banquero, un ministro o un empresario frente a un actor de cine o una rock star? Financiera y sexualmente, y desde todos los puntos de vista, cero. Las estrategias de distinción que Proust había descrito con tanta sutileza no tenían ningún sentido en la actualidad.

Lo cierto es que Houllebecq va desmenuzando al ser humano que somos, que fuimos, de una manera muy peculiar: ahí es donde entra su estilo. La voz narrativa alterna una gran variedad de registros que tienen su propio tempo, registros que van desde la vulgaridad más exacerbada y molesta, hasta tesis científicas de lo más incomprensibles para los neófitos. Lo curioso de ese estilo es que no hay una división clara en el texto cuando se produce el relevo entre uno y otro lenguaje, las aseveraciones científicas aparecen de pronto, en un punto y seguido, lo que dota a los párrafos de una objetividad racional de tal calibre que embriagan todo el texto, de modo, que, queramos o no, lo hacen compacto y terriblemente realista:

En el silencio que siguió a esta demostración vocal, se oyó claramente una mosca que cruzó la habitación antes de posarse en la cara de Jane. Los dípteros se caracterizan por la presencia de un solo par de alas membranosas implantadas sobre el segundo anillo del tórax, de un par de balancines (que sirven para mantener el equilibrio en vuelo) implantados sobre el tercer anillo del tórax, y piezas bucales chupadoras. Cuando la mosca se aventuró sobre la superficie del ojo, Michel sospechó algo.

—Tienes recuerdos de distintos momentos de tu vida —resumió Michel—, y estos recuerdos se presentan bajo diversos aspectos; vuelves a ver ideas, motivos o caras. A veces te acuerdas sencillamente de un nombre, como el de esa Patricia Hohweiller de la que me acabas de hablar y a la que ahora no serías capaz de reconocer. A veces te acuerdas de una cara sin poder asociarle ni siquiera un recuerdo. En el caso de Caroline Yessayan, todo lo que sabes de ella se concentra en esos pocos segundos de precisión total en los que tenías la mano en su muslo. Las historias coherentes de Griffiths se introdujeron en 1984 para reunir las medidas cuánticas en narraciones verosímiles. Una historia de Griffiths se construye a partir de una serie de medidas tomadas más o menos al azar en momentos diferentes. Cada medida expresa que una determinada cantidad física, diferente de una medida a otra, se encuentra comprendida, en un momento dado, dentro de una determinada escala de valores. Por ejemplo, en el momento t1, un electrón tiene cierta velocidad, determinada con una aproximación que depende del modo de medida; en el momento t2, el electrón está situado en cierto sector del espacio; en el momento t3, tiene cierto valor de espín. A partir de un subconjunto de medidas se puede definir una historia, lógicamente coherente, de la que en cambio no puede afirmarse que sea verdadera.; simplemente, puede sostenerse sin contradicción. Entre las historias del mundo que son posibles en un marco experimental determinado, algunas pueden reescribirse en la forma normalizada de Griffiths; se llaman, entonces, historias coherentes de Griffiths, y en ellas es como si el mundo se compusiera de objetos aislados, dotados de propiedades intrínsecas y estables. No obstante, el número de historias coherentes de Griffiths que pueden reescribirse a partir de una serie de medidas es, por lo general, bastante superior a 1. Tú tienes conciencia de tu yo; esta conciencia te permite emitir una hipótesis: la historia que eres capaz de reconstruir a partir de tus propios recuerdos es una historia coherente, que justifica el principio de narración unívoca. Como individuo aislado, empeñado en existir durante cierto lapso de tiempo, sometido a una ontología de objetos y propiedades, no te cabe la menor duda sobre este punto: se te puede asociar, necesariamente, una historia coherente de Griffiths. Esta hipótesis a priori te sirve para la vida real, pero no para el mundo de los sueños.

Ahora bien, el libro sorprende por dos cosas: primero, porque en último término se comporta estrictamente como una novela de ciencia ficción, con un final aplastante comparable quizás al de Soy Leyenda, de Matheson. La segunda, se debe a esas últimas páginas con las que iniciaba esta entrada (las previas a la tercera parte), despojadas tanto de vulgaridad como de ciencia, donde hay un narrador puro, sin artificios, de una sutileza conmovedora que te rompe el corazón. Unas páginas que valen una novela entera.
Así que digan lo que digan, yo me quedo con la historia de Bruno y Michel, y las mujeres que los acompañan, Christiane y Annabelle, cuatro seres que viven en dimensiones distintas, que viven intensamente sus pasiones, pero que durante años no llegar a rozarse. Causas y efectos existenciales, donde la traición y la fidelidad cobran tintes dramáticos y conmovedores.
Retazos de seres humanos sumidos en la tristeza de la vida y de la muerte que apuntan directamente a la eternidad.

Sergio G.Ros.
...Sobre Michel Houllebecq (extraído de la Wikipedia):

Michel HouellebecqMichel Thomas (Saint Pierre, Isla de Reunión, 26 de febrero de 1958 –certificado de nacimiento– o 1956), conocido como Michel Houellebecq, es un poeta, novelista y ensayista francés. Sus novelas Las partículas elementales y Plataforma se convirtieron en hitos de la nueva narrativa francesa de finales del siglo XX y comienzos del XXI. Ambas le otorgaron cierta consideración literaria pero también dieron lugar al llamado «fenómeno Houellebecq», que provocó numerosos y apasionados debates en la prensa internacional. Reside desde hace algún tiempo en el Cabo de Gata (Almería, España).

Hijo de padres atípicos que, al parecer, se desentendieron de él desde muy pequeño, pasó su infancia y adolescencia con su abuela paterna, de la cual adoptó su apellido como pseudónimo. De este hecho biográfico nacen algunos de sus temas recurrentes en su obra, como su fijación en las miserias afectivas del hombre contemporáneo. En 1980 se licenció como ingeniero agrónomo. Trabajó un tiempo como informático, experiencia que quedará reflejada en su primera novela.

Con la publicación en 1994 de Extension du domaine de la lutte, que se llegó a comparar con El extranjero de Camus, pasó del anonimato total a convertirse, gracias exclusivamente al boca a boca, en autor de uno de los libros más vendidos del año. La obra fue traducida a numerosas lenguas (entre ellas el español, con el título Ampliación del campo de batalla) y le dio a conocer al gran público. Algunos críticos, cogidos a contrapié, creyeron que su éxito sería flor de un día, pero ese vaticinio se disipó de golpe con la publicación de su segunda novela, Les Particules élémentaires, considerado el mejor libro francés de 1998 por la revista Lire y galardonada con el Prix Novembre. Ese mismo año obtuvo además el Premio Nacional de las Letras para jóvenes talentos. Su tercera novela, Plateforme, le convirtió definitivamente en estrella mediática, no sólo por traducirse a más de 25 lenguas sino por ser objeto de una agria polémica en torno a su supuesta islamofobia y por su visión amoral de la explotación sexual del Tercer Mundo.

A causa de la presión mediática, dejó Francia y vivió en Irlanda durante algunos años. Después se instaló en el sur de España, donde reside actualmente. En su obra se aprecia la influencia de autores tales como el Marqués de Sade, Howard-Phillips Lovecraft y Louis-Ferdinand Céline.